CONOCIÉNDOLO A EL

Por J W Luman

 

Su muerte, Su Sepultura, Su Resurrección

el Camino, la Verdad, la Vida

Espero que nuestros días juntos los utilizemos para conocerlo a El. Y de hecho, el tema que vamos a dar en esta vez es eso precisamente: conociéndolo a El, no conocer acerca de El, sino conocerlo a El en la manera que solamente Dios, el Padre, puede revelarlo para que nosotros, Su cuerpo, Lo manifestemos en la tierra en todo lo que hacemos y decimos. Tenemos que conocerlo en Su muerte, Su sepultura, y Su resurrección. Trataremos de esos tres aspectos en estos tres días. Y espero que Dios abra los ojos de nuestro entender (no solo digo su entender, sino nuestro) para que todos nosotros lleguemos a conocerlo en una manera mayor para que el resultado de estos días sea verdaderamente un incremento de Cristo en usted y en mí y por lo tanto en la tierra también.

Vamos a buscar en Efesios capítulo 3, versículos 17-19, "...para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plentiud de Dios." El énfasis que vamos a dar en estos días es conociéndolo a El. Según el apóstol Pablo, todo de nuestro conocimento espiritual es, en hecho, conocerlo. No hablamos de conocimiento académico, intelectual, natural, sino es conocimiento dado por el Espíritu. Lo que concocemos en el Espíritu es la medida verdadera de la vida espiritual. En todos los espístolos de Pablo él trata sobre el tema de crecimiento de los cristianos en el Señor. Así es que el énfasis del evangelio es el conocer a Cristo. En esta primera sesión quiero dar tiempo a explicar que significa "conocer a Cristo" según la Bíblia. Todo este estudio va a tener su centro en la cruz. Es preciso que usted y yo comprendamos la cruz. Es preciso que conozcamos a la cruz en relación a Cristo. Con cuidado voy a proceder. Es preciso que veamos la cruz en relación a Cristo. No es ver a la cruz y también a Cristo, sino conocer la cruz en Cristo. Solo una cruz hay. Cristo es El quien lo hace "unos" en la cruz.

En aquel tiempo los romanos crucificaban a muchos, pero la Bíblia dice que solo uno murió la muerte de la cruz. Entonces la cruz es más que solamente un instrumento de muerte. La cruz tiene definición en la persona de Jesucristo. La cruz no es donde El murió, sino la cruz es la muerte que El murió. La cruz no es un lugar, sino la cruz es la realidad espiritual. La cruz hoy mismo es tan real como fue hace miles de años. ¿Lo comprenden? Es preciso que nosotros conozcamos la cruz en relación a Cristo. Si quitamos a Cristo de la cruz, la cruz no existe. Así es que si vamos a conocer a Cristo tenemos que conocerlo en relación a la cruz. ¿Por qué es así? Porque es através de la cruz que Cristo se relaciona a nosotros. "En el principio Dios," pero ¿dónde estuvimos usted y yo en el principio? No existimos en el principio. No puedo conocer a Dios en ese concepto aunque muchos tratan. Muchos dicen, "Yo sí creo que hay un Dios; hay un ser mayor; hay un poder más alto." Pero no podemos relacionarnos a Dios con ese concepto. La única manera en que podemos relacionamos con Dios es donde El se relaciona con nosotros. Y Dios se relaciona con nosotros através de la cruz. ¿Por qué es así? Es por las dimensiones de la cruz. La cruz tiene tres dimensiones, no solo una dimensión.

Aquí están las tres dimensiones de la cruz: primeramente, Su muerte, en segundo, Su sepultura, y tercero, Su resurrección. (Miren el diagrama en la próxima página.) El énfasis importante aquí no es la muerte, la sepultura, y la resurrección, sino la palabra "Su." La cruz no es muerte; es Su muerte. Hay una enorme diferencia entre "la" muerte y "Su" muerte. La muerte es estar muerto en pecados, pero Su muerte es estar muerto al pecado pero vivo para Dios. ¿Comprenden? Su muerte es la primera dimensión de la cruz. Cuando llegamos a conocer a Cristo en verdad por el Espíritu Santo, primeramente, se relaciona a El por Su muerte y después a Su sepultura y después a Su resurrección. La cruz tiene tres dimensiones: Su muerte, Su sepultura y Su resurreción. Ninguna de esas solas constituye la cruz. La cruz de Cristo es Su muerte, Su sepultura, y Su resurrección. Es una obra completa. Quiero enseñarles algo.

Aquí está un dibujo del tabernáculo de Moisés. Se llama tabernáculo del testimonio. La razón de esto es porque dentro del tabernáculo hay un testimonio escondido. Y también en usted hay un testimonio escondido. El testimonio que está escondido en el tabernáculo se revela únicamente por la cruz. Y el testimonio que está escondido en usted también se revela únicamente por la cruz. Ahora vemos este tabernáculo. Tiene tres altares: el altar de bronce, el altar de incienso, y el arca del pacto que también es un altar porque allí se pone sangre. Es el altar mayor de todos. Quiero decir ésto. Todos estos altares tienen su cumplimiento, su significado, en el último. ¿Qué es lo que tenemos aquí? Tenemos la cruz. Los otros muebles como la fuente están aquí también. El arreglo del tabernáculo forma la cruz porque Dios quiere dar un testimonio de Sí Mismo a Su pueblo. Es el tabernáculo del testimonio. ¿Qué es el testimonio? El testimonio tiene que ver con la cruz de Cristo. Tiene que ver con Su muerte, Su sepultura, y Su resurrección. El testimonio es Cristo en ustedes. La única manera en que Cristo está en usted y en mí es através de Su muerte, Su sepultura, y Su resurrección. No hay otra manera. Cristo dice, "Yo soy el camino; Yo soy la verdad; Yo soy la vida." Cada uno de estos tiene su relación en estos tres altares.

¿De qué habla Cristo cuando dice esto? En Juan capítulo 14 dice, "...nadie viene al Padre, sino por Mí." Habla del camino a la casa del Padre. Habla del camino para llegar a unión con el Padre. El dice así, "En aquel día vosotros conoceréis que Yo estoy en Mi Padre, y vosotros en Mí, y Yo en vosotros." De eso habla. "...vendré otra vez, y os tomaré a Mí Mismo, para que donde Yo estoy, vosotros también estéis...en aquel día sabrán donde estoy; estoy en Mi Padre, vosotros en Mí y Yo en vosotros." Hablando de ese lugar, en referencia a esa unión, El dice lo siguiente: "Yo soy el camino, la verdad, y la vida." El no es el camino para llegar a un destino, sino El es el camino para una relación. No es la verdad de alguna locación, sino El es la verdad de la relación con el Padre. El no es la vida de alguna localidad. No está en un lugar lejano viviendo, sino en usted vive. El es la vida de una relación viva. El tabernáculo ilustra esa relación. Habla del lugar santísimo. El nuevo testamento se refiere a "lugares celestiales." Pablo dice, "Estamos resucitados y sentados con El en lugares celestiales en Cristo." ¿Comprende lo que digo? El lugar santísimo, este cuarto es un tipo que habla de la relación viva donde nosotros nos unimos con el Señor, donde estamos sentados en El, donde moramos en El. Pablo dice que esto es viviendo en lugares celestiales. Caminamos en la tierra, pero vivimos en Cristo ¿Comprenden? Esto es lo que dice el tabernáculo. El tabernáculo estuvo en la tierra. Se machacaron las estacas; se pusieron postes aquí en la tierra, pero hablaba de los lugares celestiales. Hablaba de la gloria de Dios en medio del pueblo de Dios aquí en la tierra. Aquí andamos en la tierra, pero nos sentamos y vivimos en Cristo en lugares celestiales. Y El Mismo es el camino, la verdad, y la vida a esa realidad. ¿Pero a qué se relacionan estas tres cosas? Ellos se relacionan a la cruz. El camino se relaciona a la muerte de Cristo, no solo cualquier muerte. La muerte no es el camino

Hace días estuve en un funeral no como predicador. El ministro estaba hablando acerca de pasar a un lugar mejor cuando muere. Yo pensé, "¡Ay! hermano, la muerte no es el camino; Cristo es el camino." ¡Ya estoy en aquel mejor lugar! Estoy en Cristo. Estoy en lugares celestiales. Destruye este cuerpo, y nada se cambia. Ya estoy en Cristo. Estando o no en este cuerpo, estoy en Cristo. Si me ponen en la tierra, no cambia nada. La única muerte que nos trae a la vida es Su muerte. Y Su muerte es por Su cruz. Así es que les digo que la muerte no es el camino; Su muerte es el camino, y usted puede comprender Su muerte ahora mismo. Es preciso que lleguemos a comprenderlo a El en Su muerte. Si no hacemos, seremos iguales a tantos cristianos que están esperando la muerte para estar con El. No es así. Ya está usted en Cristo. ¡Aleluya! Ya es real en usted. No está lejos. El ya mora en usted, y usted y yo moramos en El. Pero, tenemos que andar en ese comprender. Pablo dice que esto es "la fe del Hijo de Dios." Pablo dice, "...y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios." Esto es un camino de fe, un camino de fe. Conociéndolo a El. Conociéndolo a El como el camino y conociéndolo en Su muerte. Su muerte es el camino. Conociéndolo a El en verdad, Su sepultura. Su sepultura es la verdad. Conociéndolo a El en Su resurrección. El dice, "Yo soy la resurrección, y Yo soy la vida." ¿De qué da testimonio este tabernáculo? Se llama tabernáculo del testimonio. ¿De qué da testimonio? Da testimonio de Su muerte, Su sepultura y Su resurrección. Es testimonio del Cristo vivo, viviendo en Su pueblo. Es el testimonio de Dios de la realidad de la cruz de Cristo. Todo aquí está hablando en tipos y sombras. Pero todo tiene su cumplimiento en Cristo. Y es para ser manifestado en usted y en mí.

Ahora bien, de estos tres vamos a hablar. Y vamos a relacionarlos al camino, la verdad y la vida. Y los vamos a relacionar con estos tres altares en el tabernáculo. Quiero que vean bien en las escrituras que la única relación que tenemos con Cristo es através de la cruz. Pero la cruz tiene sus tres dimensiones, Su muerte, Su sepultura, y Su resurrección. Otra cosa que quiero que vean. El tabernáculo representa un ciclo completo de vida ¿Qué significa esto? En Israel tenían siete fiestas, las fiestas del Señor. La fiesta de Pentecostés, la fiesta de las primicias, la fiesta de pan, la fiesta de tabernáculos, etcétera. ¿Sí saben de las fiestas? Saben que esas fiestas se eran cumplidos en Cristo. La Pascua es Cristo, el Cordero de Dios. El pan es Cristo sin pecado. Las primicias, El es las primicias en la resurrección, el primer nacido de muchos hermanos. El Pentecostés es la habitación de Dios, Cristo en nosotros. La fiesta de los tabernáculos es el recoger del cuerpo de Cristo. En la fiesta de la sangre nos crucificamos; nos consideramos muertos al pecado. Somos reconciliados por Su muerte.

Luego la fiesta de las trompetas declara la verdad de Cristo, Cristo revelado en un pueblo. La trompeta de Dios, la trompeta última. Se dan cuenta que la trompeta última no es alguien en un monte sonando una trompeta, sino es un son que surge de un pueblo. Es el son de Su voz poderosa. El viene con una gran voz. Sus ovejas conocen Su voz. En Apocalipsis Juan dice, "Y me volví para ver la voz..." La última trompeta es Dios declarando Su Hijo en Su pueblo. Esa es la fiesta de las trompetas. Y luego hay un recogimiento a esa voz, a esa realidad. Solo hay una cosa que en verdad recoge el cuerpo de Cristo, y es la voz del Señor. No es doctrinas, ni tradiciones, ni sermones, sino es Dios revelando a Su Hijo en Su pueblo. Esto es el son de la trompeta, Dios siendo manifestado poderosamente. Entonces comenzamos a hablar lo mismo y pensar igual, de un solo sentir, en un acuerdo, escuchando la misma voz. Estas son las siete fiestas. Tienen su cumplimiento en Cristo. Pero se relacionan a estos tres altares. Se relacionan a Su muerte, Su sepultura, y Su resurrección.

Las siete fiestas se dividen en tres grupos. Primeramente, la fiesta de la Pascua consiste en tres fiestas: la Pascua, la fiesta de panes sin levadura, y las promicias. Esos hablan de Su muerte. La segunda fiesta mayor es la de Pentecostés. Habla de la verdad, Su sepultura. Hay un bautismo de Espíritu Santo que es verdadero, y es mucho más que hablar en lenguas. Es un bautismo de fuego. Es un bautismo en donde nos consumimos. Es un bautismo sepultándonos en Su sepultura. Es también una transición, y cada uno de nosostros debemos conocerlo en esta manera. No es solo el hablar en lenguas. Yo comencé a hablar en lenguas cuando tenía cinco años. Hay mucho más en el bautismo del Espíritu Santo que eso, no solo dones únicamente. Todas estas cosas son buenas y necesarias, pero hay algo mucho más profundo que eso. Su sepultura. No solo murió; también fue sepultado. Nosotros tenemos que conocerlo en Su sepultura. Llegaremos a eso más tarde. Hoy hablamos sobre Su muerte. Luego tenemos las fiestas a las que referí hace un rato, de las trompetas, sangre, y recogimiento. Esas son fiestas de los tabernáculos. ¿Qué pensamos cuando oímos tabernáculo? Pensamos en tiendas, un lugar de morar. Esos hablan de este altar a su vida. Nosotros moramos en El. El mora en nosotros. ¡Aleluya!

Estas tres últimas fiestas tienen su cumplimiento en la resurrección de Cristo. Para los judíos éstas eran fiestas tradicionales y naturales. Comían en ellas comida natural. Para usted y para mí son fiestas espirituales. Comemos comida espiritual. ¿Quién es la comida espiritual? Es El, Cristo. El dice, "Es preciso que comas Mi carne y tomes Mi sangre. Yo soy el pan de vida." ¿Cómo es que comemos de El? Es por la comprensión que el Espíritu nos da. Para nosotros estos son altares de comprensión, no altares naturales, sino espirituales. No donde comemos comida natural, sino donde comemos de Cristo. Nos identificamos con El. Lo comemos. Cristo dice, "Sí no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis Su sangre, no tenéis vida en vosotros." Esto es nuestro caminar en la fe, nuestro caminar en comprensión. Conociéndolo a El hasta que por fin Lo conocemos en el poder de la resurrección. Eso es lo que decía Pablo allá en los últimos días de su ministerio. Todavía estaba haciendo algo importante. Filipenses 3 , "O quiero conocerlo en el poder de Su resurrección, y el compañerismo de Sus sufrimientos, llegando a ser semejante a El en Su muerte." ¿Ven lo que busca? Conocer a Cristo, Su muerte, Su sepultura, y Su resurrección.

Este punto quiero darles. El tabernáculo tiene sus tres partes, tres altares que relacionan a Cristo como el camino, la verdad, y la vida, a Su muerte, sepultura, y resurrección. Pero el tabernáculo es una obra completa y terminada. La cruz es una obra completada y terminada. Por eso es preciso que Lo comprendamos así. Somos bautizados en Su muerte. Somos sepultamos con El por el bautismo. Somos resucitados con El. Por eso es preciso que andemos en esa comprensión. Si no andamos así, estamos viviendo inferiormente a lo que ha hecho. Eso es el error que hizo Israel. El tabernáculo no fue construído en Egipto o en Canaán; fue construído en el desierto. Fue el camino, la verdad, y la vida. ¿De dónde a dónde? De Egipto a Canaán. Canaán representa la plenitud de Cristo, pero Israel no entraría allí. Dios les dio el camino, la verdad, y la vida y aún si no entraría. Porque se negaron a caminar en lo que Dios ha hecho. Hay muchos creyentes hoy quienes por ignorancia se niegan a caminar en lo que Cristo ha hecho. El ha hecho una obra completada. No nos ha dejado afuera. No está lejos El. El nos ha acercado hasta Su propia presencia. ¿Cómo? Por Su muerte, sepultura, y resurrección. Es preciso que comprendamos eso por el Espíritu, y por el Espíritu es preciso que caminemos en esa realidad. O seremos como Israel de antiguo. El autor de Hebreos nos habla de eso. ¿Qué dijo? La ira de Dios era contra ese pueblo. Ahora, ¿por qué se enojó Dios con Israel? Se enojó Dios con Su pueblo porque no entraría en Canaán. No aceptaban caminar en que El había preparado para ellos.

Ahora escuchen. Usted prepara una gran comida para gente, y vienen ellos. Ellos miran todo lo que ha preparado, y se van a otro lugar o hacen otra cosa. ¿Usted, cómo se siente? Usted trabajó duro todo el día para preparar la comida para ellos, mucho trabajo. Eso no es lo que lo enoja. No le importa el trabajo. No le importan las tantas las horas en preparación. ¿Qué es lo que a usted le hace enojar? Es el hecho de que aquellos invitados no comen. El Señor no se enojó porque tuvo que morir y ser sepultado; lo acepto con gozo. Con gozo dio Su vida. Con gozo fue sepultado. Con gozo el fue resucitado. Lo que enoja a Dios es que nosotros no aceptemos la realidad. La gente está esperando a morir para estar con Cristo. El ya es el camino, la verdad, y la vida. ¡Aleluya! Dios dice que porque no quieren entrar, ellos no entrarán en Mi descanso. Morirán. Caminarán en circulos hasta que morirán. Esto ilustra a muchos cristianos hoy en día. Están dando vueltas y vueltas hasta que mueran, hasta que los sepulten en la tierra. Y luego el ministro les da mensaje sobre el cielo. ¡Que triste! La vida espiritual es ahora. La realidad del cielo es ahora. Ya El es el camino, la verdad, y la vida. Ya es la resurrección. ¡Gloria a Dios! Usted puede esperar hasta morir, o puede usted entrar através de Su muerte ahora mismo y no morir jamás. ¿Entienden lo que digo? No estoy hablando del cuerpo físico, sino la vida de Dios. Cristo es su vida. El cuerpo sí va a servir esa vida, Cristo en usted. Entonces esto representa una obra terminada. Es una obra completa: Su muerte, Su sepultura, y Su resurrección. Tenemos que llegar a comprender a Cristo como una obra completa. Esta comprensión comienza con Su muerte.

Bien, conociéndolo a El. Aquí hay un contorno de que vamos a tratar. En la enseñanza en estos días vamos a ver cada de estos puntos. Pero por los últimos momentos de esta primera sesión vamos a hablar sobre el conocerlo a El. La palabra "conocer"en griego es "ginosko." Significa esto: conocer absolutamente, percibir completamente, comprender. En hebreo habla de un hombre conociéndola a su esposa sexualmente, así es un conocer muy íntimo. Y de esto es lo que hablamos. Es un entendimiento que uno experimenta. ¿Lo escucharon? Muchos dirán, "Es una cosa entender algo y otra cosa experimentar lo mismo." En lo natural es cierto, pero en lo espiritual no lo es. Cuando Pablo habla del "conocer a Cristo," habla de entender y también experimentar. En su hombre interior, en su alma usted en verdad experimenta Su muerte. Usted llega a entender a tal grado que en verdad está experimentando Su muerte. No es un pensamiento pasajero; no es una enseñanza o un tema, sino es una experiencia espiritual. Y así es con cada uno de estos. Así la palabra en griego y hebreo nos dice.

Juan 7:27-30, "Pero éste, sabemos de dónde es; mas cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde sea. Jesús entonces, enseñando en el templo, alzó la voz y dijo: A Mí Me conocéis, y sabéis de dónde soy; y no he venido de Mí Mismo, pero El que me envió es verdadero, a quien vosotros no conocéis. Pero Yo Le conozco, porque de El procedo, y El me envió." Aquí Cristo está hablando del conocer. Escúchenme. En este momento usted o lo conoce así como está hablando aquí o no lo conoce así. Piensen en eso. No hablo del ser salvo o nacido de nuevo. Esto habla de la comprensión espiritual. Aquí Cristo está hablando a los religiosos, quienes debían haber conocido a Dios, pero no Lo conocían. Cristo no pone en cuestión de que sí ellos son fariseos o judíos. Solo pone en cuestión de lo que ellos realmente comprenden. Y através de la escritura hay muchos ejemplos parecidos. Por ejemplo en Juan 8:14. "Respondió Jesús y les dijo: Aunque yo doy testimonio acerca de Mí Mismo, Mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo, ni a dónde voy."

¿Cuántos de nosotros aquí presente esta mañana, cuántos de nosotros en verdad por el Espíritu conocemos de donde hemos venido? ¿Cuántos de nosotros en verdad conocemos estar en Cristo? ¿Es una enseñanza únicamente? No quiero que levanten la mano, pero piensen en esto. ¿Estoy en camino para llegar al cielo, o estoy sentado en lugares celestiales en Cristo? ¿Cuál es mi comprensión? Porque mi comprensión determina mi testimonio. Eso determina mi manera de vivir. Eso determina las decisiones que tomo. Es cierto lo que les digo. Su comprender determina su manera de vivir. Determina lo que valora Todo es gobernado por nuestra comprensión espiritual. Si mi comprensión es "voy a morir para estar con Cristo;" entonces ¿qué voy a hacer ahora? ¿Dónde voy a involucrarme ahora? Yo les digo donde va a ser. Va a encontrarse en cosas, el hacer cosas, ocuparse con cosas, buenas cosas por cierto, pero cosas nada más. Y usted va a buscar su vida en esas cosas. Va a buscar su propósito y su vida en esas cosas. Y algún día va a llegar a darse cuenta de estar vacío espiritualmente. Y está vacío. Porque, hermanos, la vida no consiste en hacer las cosas. La vida es la relación que tenemos con Cristo. La vida es la realidad presente. Yo tengo que hacer las cosas, pero tengo que encontrar mi vida en Cristo. Tengo que caminar en la tierra, pero tengo que vivir en lugares celestiales en Cristo. No voy a llegar allá; ya estoy allá. Allí es donde se hacen las decisiones de mi vida. Y aquí las cumplo. En Cristo en lugares celestiales encuentro mi propósito, y luego acabo en mi vida y mis actividades. Su comprensión es lo que determina todo lo que hace en su vida.

Ministros, predicadores, escuchen. Usted o va a usar su tiempo para tratar que la gente que llegue al cielo, o usted los va a traer a la realidad de morar en Cristo ahora. Usted va a ministrar a la gente tratando que ellos vivan bien, que ellos hagan las cosas correctamente, o usted los va a enseñar que Cristo es la vida de ellos. Eso depende de su comprensión. Si usted comprende que está en camino al cielo, y llegará cuando muere, entonces va a decir, "Vayan conmigo, voy al cielo." Pero si usted comprende que ahora mora en Cristo, entonces va a predicar la verdad también. Depende de su comprensión. ¿Qué es lo que comprendemos cada uno? Esta es la pregunta. El Señor mismo es El que hizo esta pregunta.

Tengo tres páginas de textos que hablan del "conocer." Por ejemplo Juan 8:32, "Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres." Decimos, "La verdad os hará libres," pero la verdad no os hará libres a menos que La conozca. ¿Cuál verdad? Esta verdad. Escuchen. No hay muchas verdades, sino una verdad. No es acerca de Cristo, sino la verdad es Cristo. El es la verdad. Relaciona a Su sepultura. Voy a repetir esto, Juan 14. Cristo habla de una relación divina. Cristo dice, "Yo os traeré en una relación divina con Mi Padre. Y vosotros comprenderáis que yo estoy en Mi Padre y vosotros en Mí y Yo en vosotros." ¿Cómo llegaremos a comprender esto? "Yo soy el camino, la verdad, y la vida." El habla de Sí Mismo y Quien es El en esa relación. No dice, Yo soy camino a un lugar; soy el camino a cualquier lugar, sino soy el camino a UN lugar, a la casa de Mi Padre. Así es que solo un camino hay porque solo una casa de Padre hay. Y así también es con la verdad. Solo una verdad hay. El mundo tiene muchos hechos. Es un hecho que esta cosa es de madera. Es un hecho, pero no es la verdad. ¿Comprenden lo que digo? La verdad no consiste en muchos hechos, sino se habla de una sola cosa: la relación divina. Eso es la verdad que os hará libres, pero solamente cuando ustedes conocen la verdad. El énfasis es sobre conocer. Un versículo más, Juan 10:14, "Yo soy el buen pastor; y conozco Mis ovejas, y las Mías Me conocen." La relación depende de la comprensión espiritual, no comprensión de las cosas, sino comprensión espiritual de El. Conociéndolo a El. El énfasis de todos estos versículos es conociendo, pero es conociéndolo de El.

Señor Jesucristo, ministra a nuestros corazones por Tu Espíritu vivo para que lleguemos a este conocimiento vivo para que caminemos en verdad en el camino, la verdad, y la vida. Abre los ojos de nuestros corazones, Señor. En el nombre de Cristo. Amén.

 

Conciéndolo a El en Su Muerte

Nuestro tema es conociéndolo a El. Sé que las palabras en español e inglés no son iguales, particularmente algunos pronombres. Quiero escribir algo en el pizarrón porque es importante. "El" en "Su," conociéndolo a "El" en "Su" muerte, sepultura, y resurrección. Estas son las palabras de importancia, "El y "Su." Escuchen bien. No es asunto de solo conocer la muerte, la sepultura, y la resurrección como cosas separadas. Cristo es el que hace la gran diferencia. No es solo la muerte. La salvación no tiene que ver con la muerte, sino la vida. Es Su muerte lo importante. Su muerte es muerte al pecado, muerte a la humanidad y muerte a mí mismo. Eso es la muerte suya, pero el énfasis no es solo conocer Su muerte. El énfasis es en conocerlo a El en Su muerte, conocerlo a El. ¿Entienden? Es extrememente importante. Nuestro enfoque es sobre conocerlo a El. Tantos que predican la cruz ponen el énfasis sobre la muerte. Le dice a la gente, "Tienes que morir." Pero usted no puede hacer eso. Eso sería como decir, "Tiene que vivir." Usted no puede hacerlo tampoco. A menos que El viva, usted no tiene vida. El énfasis de la cruz es conocer a El, conociéndolo a El en la experiencia de Su muerte, siendo muerto con El. No solo está muerto, sino muerto con El. El es El que logró la muerte. Para usted y para mí es entender la relación. Tenemos que entender que por Su muerte estamos muertos, así también con Su sepultura y Su resurrección.

Salmos 23. Es un Salmo muy único porque en estos seis versículos toda la vida espiritual se describe. Versículo 1, "Jehová es mi pastor; nada me faltará." Llegamos a entender que en Cristo está toda la plenitud de Dios, y nosotros estamos completos en El. En El mora toda la plenitud. En El moran todos los tesoros de conocimiento y la comprensión. Pablo dice que somos enriquecidos en El. "...nada me faltará." Sabiendo esto Pablo dice, "Puedo estar vacío o lleno. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece." "...nada me faltará." Es una gran revelación saber que en Cristo "nada me faltará." Dice Pablo, "Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios." "Jehová es mi Pastor; nada me faltará. (Versículos 2-3.) En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; Me guiará por sendas de justicia por amor de Su nombre." ¿Qué es lo que describe aquí? Se describe la vida en Cristo. Porque El "...nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención." Nosotros andamos en El; vivimos en El; crecemos en El; aprendemos a El. Esta es la vida en Cristo. Versículos 4,5,6. En versículo 4, Su muerte, en versículo 5, Su sepultura, en versículo 6, Su resurrección: el camino, la verdad, y la vida. Y en todo esto, El es El que guía; El es El que va adelante. "Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estarás conmigo; Tu vara y Tu cayado me infundirán aliento." Esta vara llega a ser un descanso para mí. En la muerte de Cristo, se acaban la lucha, la división, y la preocupación en mi corazón. Y no hay temor en esta muerte porque estamos con El allá. "...porque Tú estarás conmigo." Es Su muerte.

"Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando." Mañana vamos a ver más como esto que describe Su sepultura. Es el lugar del ungimiento. ¿Se recuerdan como ellos ungieron Su cuerpo? ¿Recuerdan la mujer quien entró y lo ungió con una unción muy cara que representa mucho? Y ella ungió los pies de Jesús. Y Cristo dijo, "...para el día de Mi sepultura ha guardado esto." Esa es la unción que nosotros recibimos con El en la sepultura. Esta es una obra especial del Espíritu Santo en nuestro corazón. Mañana veremos más que esto. Versículo 6, "Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová moraré por largos días." Aquí en versículo seis el énfasis es en morar. También en capítulo 14 de Juan se habla del morar. ¿Cómo moramos allá? Moramos allí en la resurrección y en la persona de Cristo. ¿Cómo vivimos allí? Vivimos allí porque El vive en nosotros. En Juan 14:19 El dice, "...porque Yo vivo, vosotros también viviréis." En este Salmo vemos todos los aspectos de la vida espiritual.

Ahora vamos a continuar sobre conociéndolo a El en Su muerte. "Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno..." Este no es un lugar de maldad. No es algo que se debe temer. Mientras el Señor se acercaba al día de Su muerte, El comenzó a anhelarlo. Dice la Bíblia en Hebreos que El sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, por el gozo puesto delante de El. Aquí está el gozo. El gozo está en la resurrección. En esta muerte no hay temor porque el resultado de Su muerte es Su vida. Es un lugar de consuelo; El nos consuela allí. Quiero decirles que solo hay un lugar donde conocemos descanso. No es la sepultura, sino en Su muerte. Les digo la verdad. En Su muerte no hay lucha. Si usted está luchando adentro entonces no Lo comprende en Su muerte. No hay ansiedad en Su muerte. Si usted está ansioso sobre cosas, es que no esta comprendiéndolo en Su muerte. No hay guerra en Su muerte. Hay tantos que están en guerra unos contra otros; ministerios lo hacen. Hacen guerra uno contra el otro. Pastores en la misma cuidad lo hacen. Hacen guerra uno contra el otro. Es cosa del corazón. Eso sucede en mi corazón. En Su muerte no hay guerra. Si tenemos guerra en nosotros es porque no Lo comprendemos en Su muerte. Solo hay una respuesta, Su muerte. La respuesta no es matarme a mí. En guerra yo iría a la sepultura. La respuesta está en la muerte de El, sin guerra. ¿Cuál es lo opuesto de esto? Es la paz. Tenemos paz en Su muerte. Tenemos descanso en Su muerte.

Puede escuchar a los funerales. Pueden leer en las lápidas, "Descansa en Paz." Pero no hay ni descanso ni paz allí. Pero algún creyente lo escribió allí. Aun un predicador así lo predicó. Amigos, hay una muerte mayor. Hay un descanso; hay una paz. Conocerlo a El en Su muerte nos lo trae. Quizás voy a morir algún día por la vejez. Puede ser que voy a morir en este cuerpo por tanto trabajo, pero yo jamás moriré por la ansiedad o guerra porque ya morí allí. Esa es la muerte de El. No gano nada por hacer una guerra. Toda es Suya: la muerte, la sepultura, la vida. La obra es Suya; el ministerio es Suyo; la iglesia es Suya. La creación es Suya. No hay porque pelear. No voy a pelear con usted; ni voy a pelear con el diablo. Porque la victoria está en Cristo. ¡Gloria a Dios! ¿Comprenden? Cuando tiene guerra en su corazón, no puede crecer en Cristo. No puede andar en paz cuando está lleno de ansiedad. Es preciso que estas cosas se resuelven antes de proceder. Tienen que ser resueltos en la muerte de Cristo. Dije una vez por siempre porque la Bíblia cuando habla de Su muerte usa las palabras "una vez," una vez para siempre. Cuando El murió, una vez murió. No murió dos veces; murió una vez. Y no va a volver a morir. Es Su muerte. Tenemos que conocerlo en Su muerte. Su muerte es una sola vez, completa, llena y perfecta. Puede ser que yo vivo toda la vida en conociéndolo a El en Su muerte, pero Su muerte fue una sola vez para siempre.

Cuando hacían los sacrificios, los israelitos tenían que prepararlos. Es necesario un tiempo de preparación para conocerlo en Su muerte. No simple puede decir, "Yo quiero morir. Yo voy a servir al Señor. Voy a hacer esto o aquello." Yo he visto muchos así comenzar. Pero no duran mucho. Tienen convición, pero eso pasa. Hacen promesas, pero también pasan. Hay un tiempo de preparación en oración, en estudiar las escrituras, y en permitir que el Espíritu Santo trate con uno. Cuando viene ante el Señor, viene con la actitud de "una vez para siempre." Esto no es algo que quiero probar, sino voy a hacerlo. Señor, quiero conocerte así más que todo. Quiero conocerte más que quiero predicar. Señor, quiero conocerte más que cualquier cosa. Quiero conocerte en Tu muerte. Un tiempo de preparación. Cuando habían preparado el sacrificio, lo traían y le ponían las manos, y así se identificaban con ese animal. De ese momento y adelante ese animal los representaba a ellos. No traían un sacrificio, sino traían a sí mismo. Eso era un tipo y sombra, pero en Cristo es una realidad. Usted no trae una cosa, sino trae a sí mismo. Pablo dijo, "Yo soy crucificado." Usted no trae algo a la cruz, sino trae a sí mismo. Usted no trae a otra persona. "Señor, haz algo con este; de todo modo no me cae bien esta persona." Sino soy yo. Yo vengo. Le ponían las manos. Luego los sacerdotes mataban al animal en presencia de todos enfrente de sus ojos. La gente miraba morir a ese animal. Es importante eso. No lo llevaba fuera, a otra parte. La gente tenía que experimentar la muerte que sufría el animal. El animal moría, pero los que lo traían también participaban en Su muerte. Es Su muerte; El murió, pero nosotros tenemos que conocerlo en esa muerte. Los ojos de nuestro entendimiento tienen que ser abiertos para ver a El. Tenemos que conocerlo allí. Cuando El murió, yo también morí con El. Es preciso que comprendamos eso. Tenemos que comprenderlo en esa manera.

¿Qué tan cierta es esa muerte? Estamos hablando de estas palabras, "una vez." Todo esto se trata con "una sola vez." ¿Qué tan cierto es esa muerte? No solo hería al animal, y luego se iba aquel que lo traía, y después sanaba el animal, y seguía su vida. Y así no se lograba nada. Pero así muchos cristianos entienden. Ellos vienen a un altar o a oración; se arrepienten y se arrepienten y se arrepienten y lloran; le piden perdón al Señor. Y sí son sinceros, pero nunca llegan a ver Su muerte. Luego se van ellos; en realidad no murió nada en su corazón o su comprender. Siguen su camino; y de poco rato ellos tienen los mismos problemas otra vez. Pero aquí la muerte del animal era completa. No solo se mataban el animal pero enfrente los ojos de ellos. Luego los levitas tomaban el sacrificio; lo cortaban en pedazos; lo ponían en el altar de bronce; le prendían de fuego; y lo quemaban hasta no quedaban más que cenizas. Y las cenizas caían hasta la rejilla. Luego recogían las cenizas; las llevaban afuera del templo, afuera de la ciudad; y las tiraban al viento. El viento llevaba las cenizas para que jamás fueran encontradas. Esa muerte es cierta. ¿Me escuchan? Es así tan cierta la muerte. Así es preciso que Lo conozcamos en Su muerte. Cuando Pablo dijo, "Estoy crucificado," no dijo, "Creo que es así; voy a tratar de estar crucificado." No, él lo sabía de cierto. Estoy crucificado una vez por siempre. Así tenemos que conocerlo. Solo el Espíritu Santo nos puede traer a esa comprensión. Pero si no buscamos para conocerlo en esa manera, el Espíritu Santo no nos puede llevar allí.

Ellos venían dispuestos. Venían en el orden divino. Primero escogían el sacrificio; después lo preparaban; entonces lo traían. Así debemos preparar nuestros corazones. No es algo ligero. ¿Por qué? Porque no hablamos de una enseñanza sobre la muerte. Estamos hablando de Cristo mismo, conociéndolo a El en Su muerte, no solo conocer la muerte. Este altar representa la misma persona de Jesucristo. En la Bíblia los altares antiguos siempre representaban la persona de Dios. Tengo notas sobre este tema. Busqué todos los textos en el antiguo testamento que hablan de "altar," y con la excepción de los altares paganos, aquellos altares que fueron construídos por el Señor siempre representaban al Señor Mismo. Así es que no solo hablamos de un mueble, sino la persona del Señor. La cruz no es un pedazo de madera o un lugar o locación. La cruz es la persona de Cristo Sí Mismo. Es el mismo Señor en Su muerte, sepultura y resurrección. No estamos hablando de una doctrina de la muerte o alguna enseñanza de la muerte, sino llegamos cara a cara con el Señor. Padre, revela Tu Hijo en mí para que Lo conozca en Su muerte, que Su muerte tenga obra en mí, que yo experimente Su muerte, para que conozca también Su gozo, descanso y paz. De eso hablo. No es una enseñanza.

Voy a leer Filipenses 2:8 en el contexto de versículos 5-11. "...y estando en la condición de hombre, se humilló a Sí Mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz." "...obediente hasta la muerte, y muerte de cruz." ¿Cuándo fue obediente hasta la muerte? Es preciso ver versículos 5 y adelante. ¿Cuándo fue obediente hasta la muerte? Fue cuando El fue nacido de mujer. "Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a Sí Mismo, tomando forma de siervo..."¿Cuándo hizo eso? Lo hizo cuando nació bajo la ley, cuando nació de mujer. La Bíblia dice en Hebreos, "Le hiciste un poco menor que los ángeles." Escuchen, hermanos. Para el aceptar ser nacido de mujer era ser obediente por morir. El fue nacido para morir. La Bíblia dice que fue hecho inferior para sufrir hasta la muerte. El cuando nació fue obediente hasta la muerte. El se rendía al plan de Dios, no solo en nacer de mujer, sino porque fue semejante a un hombre, nacido de mujer, obediente hasta la muerte de la cruz. De esa muerte hablamos. Porque todos aquí nacimos de mujer. No es cosa grande que morimos en este cuerpo. Tanto los cristianos como los pecadores así lo hacen. Pero la muerte mayor, la muerte que tenemos que escoger a cumplir, es la muerte de la cruz. Esa es la muerte que trae la vida. Quiero que lo comprendan. Su muerte, conociéndolo a El en Su muerte. Estaremos hablando de esto en una manera específica. Su muerte como se aplica al pecado, Su muerte como se aplica a la humanidad, Su muerte como se aplica a la naturaleza humana.

 

Su Muerte: La Repuesta de Dios para el Pecado, la Creación y Mí

Filipenses 2:8, "...haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz." Yo estaba diciendo que la muerte de la cruz es cosa que pertenece a Cristo. Solo Cristo murió la muerte de la cruz. En esa muerte El se relaciona con nosotros. Vamos a seguir esta tarde con "Su muerte." Conociéndolo a El en Su muerte, llegando a una comprensión espiritual de esa muerte, hasta llegar a experimentar el poder de Su muerte adentro. Su muerte tiene tres dimensiones. Primeramente, es la respuesta de Dios para el pecado. Primero vamos a leer Romanos 5:12-15. Luego vamos a ver los versículos 9 a 11. Muchas veces Pablo en sus cartas declaraba una cosa y entonces lo explicaba. A veces comprendemos mejor cuando leemos la explicación primero y luego volvemos a ver lo declarado. Entonces vamos a comenzar con versículo 12, "Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron." Como por un hombre entró el pecado en el mundo. Esto va a ser extrememente importante esta tarde. Nos comprendemos en un solo hombre, un hombre para la muerte y un hombre para la vida. Es un hecho bíblico. Dios siempre trata con toda la humanidad como un solo hombre. Dios nunca trata a los hombres o a la humanidad en conforme sus razas. Dios ve solo un hombre. Es preciso que nosotros comprendamos Su manera de tratar con el hombre.

Nosotros tenemos el problema de que queremos ser especiales. Nosotros pensamos que somos especiales, y Dios tiene una obra especial para nosotros. Y claramente, Dios sí llama a Sus siervos para hacer una obra muy específica, pero en la cruz Dios trata a la humanidad como un solo hombre. Es preciso que lleguemos a El através de Su muerte. No hay una muerte para mí, otra para usted, y otra para otra persona. Así es que Dios mira al pecado como una persona. El mira a la humanidad como una persona. Versículo 14, "No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir. Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo." ¿Qué es lo que está diciendo? Es esto. Si todos morimos como uno; entonces vivimos como uno. Es preciso que lo comprendamos. Nosotros nos vemos como blanco o negro o moreno. Nos vemos como ingleses, mejicanos, etc., según nacionalidad. Pero Dios solo ve un hombre, un hombre muerto en pecado. Luego Dios ve a un hombre vivo, un nuevo hombre, un hombre vivo, en unión con Cristo. Eso es lo que Dios ve. Y si nosotros no llegamos a entender eso, jamás vamos a comprender la muerte de Cristo y tampoco su vida. Es que en un solo hombre todos murieron; muertos al pecado están; también por un Hombre todos pueden estar muertos AL pecado.

Ahora miremos 9-11, "Pues mucho más, estando ya justificados en Su sangre, por El seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de Su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por Su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación." Ahora leeremos parte de Romanos 6:1-11, La cuestión, "¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?" La escritura dice, "¿Perseveraremos EN el pecado?" No dice, ¿Perseveraremos AL pecado?, sino EN pecado. ¿Qué quiere decir? Es como preguntar, ¿seguiremos acaso caminando según la naturaleza del pecado? En Romanos 6 Pablo trata al pecado como un hombre. Hay que entender esto. Así como por uno todos murieron. Pablo trata con el pecado como UN hombre. Aquí en capítulo 6, el pecado no habla de los hechos del hombre, sino habla del hombre sí mismo. Tenemos que comprender esto. Dios o nos ve en Adán o nos ve en Cristo, El uno o el otro. No es decir, "Yo soy tan bueno como otro." Dios no mira el hacer las cosas, sino ¿en cuál de estos dos hombres se encuentra usted? El primer hombre es pecado, muerto a Dios y vivo al pecado. El segundo hombre es Cristo, muerto al pecado y vivo a Dios. La cuestión es esta, ¿con cuál de estos dos hombres nos identificamos? ¿Cómo me veo yo a mí mismo, gringo, negro, moreno, o me veo en Cristo? Nuestro problema es que decimos que estamos en Cristo, que Cristo es nuestra vida, pero nos identificamos con el primer hombre. "Yo soy un gringo cristiano; yo soy un mejicano cristiano." Usted tiene que ser uno o otro; no puede ser los dos. De esto habla Pablo aquí. "¿Perseveraremos en el pecado?" No dice, ¿Perseveraremos robar, matar, o mentir?, sino, "¿Perseveraremos EN el pecado?" ¿Acaso vamos a seguir viviendo como el primer hombre, o viviremos como Cristo? Esta es la pregunta. Usted no puede hacer las dos cosas. Por eso hay mucha confusión entre los cristianos quienes tratan de hacer las dos. Venimos a culto como cristianos, pero en las casas deportamos como mejicanos o americanos. No puede hacer así.

Versículo 1 habla del pecado como la naturaleza de nuestra alma. El pecado es la naturaleza de aquel primer hombre. ¿Qué hizo el primer hombre? Se destituyó de la gloria de Dios. ¿Qué cosa es la gloria de Dios? Aquí en el tabernáculo, en el lugar santísimo, aquí se miraba la gloria de Dios. La gloria de Dios también está en usted. La gloria de Dios es Cristo, no solo Cristo, sino Cristo viviendo en usted. Cristo conectado con Su tabernáculo es la gloria de Dios, Cristo viviendo en usted. El primer hombre no llegó a esa meta. El no quiso comer del árbol de la vida. ¿Quién es el árbol de la vida? Cristo es el árbol de la vida. Cristo y El crucificado es el árbol de la vida. Usted come Su carne y toma Su sangre. Esto es el fruto del árbol. El primer hombre no quiso comer de ese árbol. Estuvo también en el jardín de Eden. Pero la cruz, Cristo y el crucificado, no complace a la carne; no complace al primer hombre. Por eso aquel hombre comió de otro árbol. El escogió destituirse de la gloria de Dios. El escogió un árbol menor así como muchos de nosotros hoy en día. Escogemos una comprensión menor. Queremos ser cristianos, pero queremos comprendernos como Adán. ¿Comprenden lo que digo? Escogemos una comprensión menor. Escogemos ser morenos o mejicanos o güeros o americanos. Escogemos identificarnos así, y por eso vivimos así. Queremos estar salvos y en camino para el cielo, pero queremos comprendernos según la carne. La cruz dice que hay una comprensión mayor, comprendernos solamente en Cristo, viéndonos como aquellos que no tienen otra vida más que Cristo. Pero por eso, tenemos que comprender Su muerte. ¿Qué murió allí? Allí murió un hombre. ¿Cuál hombre? El hombre del pecado.

Versículo 3, "¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en Su muerte?" ¿Qué significa esto? Versículo 6, "...sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con El, para que el cuerpo del pecado sea destruído, a fin de que no sirvamos más al pecado." Aquí habla de un hombre quien tiene un cuerpo. "...Sabiendo esto, que el nuestro viejo hombre fue crucificado...para que el cuerpo del pecado (el cuerpo mismo de aquel hombre viejo) sea destruído a fin de que no sirvamos más al pecado." O sea, para que nosotros no vivamos como aquel hombre viejo. Cuando hablamos del hombre viejo, hablamos de una naturaleza, la misma naturaleza del pecado, el actitud del pecado.

Primero, la naturaleza del pecado es contrario a la ley de Dios. Está en contra al viviendo sujeto a Cristo. Es lo contrario a la obediencia. Es lo contrario a la fidelidad. La naturaleza del pecado comienza muchas cosas sin terminarlas. La naturaleza de Adán comienza la carrera pero no termina. Es contrario a la fidelidad. Es contrario al compromiso. Es contrario al sacrificio. Y probablemente lo más importante es contrario a toda responsibilidad. Amigos, esta es la naturaleza del pecado. ¿Cuántos cristianos batallan en este área a lo diario? No comprendemos esto como ser pecado, pero es el hombre viejo. Es el pagano; es el judío; es el hombre viejo. Así es la naturaleza de él. Es contrario a la ley de Dios. Esa naturaleza no solo está en contra a la ley de Dios, sino está en contra al carácter de Dios. Busca las cosas terrenales no las espirituales. Todo es medido por el tamaño que tiene en vez de la medida de Cristo. Hay muchos ministerios hoy en día que así piensan. Siempre hacen la pregunta, "¿Cuánta gente tiene usted?" cuando se debe preguntar, "¿Cuánta es la medida de Cristo en la gente que tiene?" La naturaleza del hombre viejo no ve el árbol de vida, sino ve el otro árbol. El hombre natural mira según la carne.

2 Corintios 4:3-7, " Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; (vean bien este versículo) en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús. (hasta aquí vamos) Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es El que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros." La naturaleza del pecado del hombre viejo es contrario a lo que aquí leemos. "...para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros." Que la medida del poder de Dios sea Cristo en usted, no en cuanta gente está asistiendo, no el tamaño del edificio, sino la medida de Cristo en la gente. El hombre natural no puede pensar así. Versículo 16, "Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria."

¿Qué es la "leve aflición momentánea"? Les digo lo que es. Toda la escritura está de acuerdo de esto. Es este altar. Nuestra leve aflición es la cruz de Cristo obrando en nosotros. Llega a ser para nosotros una leve aflición. Es cosa leve que yo muero, y El vive. Es cosa leve que el hombre viejo está crucificado para que Cristo viva. Es cosa leve. ¡Aleluya! Y es momentánea, pero la vida de Cristo es eterna. Vamos a ver que más dice aquí. "...no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas." En inglés hay una palabra aquí, "mientras." "Mientras" no miramos nosotros. Esa palabra indica un estilo de vida. Es nuestra manera de vivir no mirar las cosas que se ven, sino mirar las cosas que no se ven. Es nuestra manera de vivir no mirar las cosas de la carne pero del Espíritu, y no nos vemos nosotros en la carne, sino nos vemos en Cristo. Así vivimos. No es algo que hacer de vez en cuando pero continuamente. Es una manera de vivir, pero es contrario a la naturaleza del hombre viejo. Si usted y yo tenemos problema en este área, entonces puede ser que la naturaleza antigua está controlando. Quizás no hemos comprendido aún Su muerte. Tal vez puro vemos al pecado como muchas cosas en vez de un solo hombre y la naturaleza de aquel hombre, la naturaleza natural de ese hombre. ¿Cuántos de nosotros en nuestra comprensión llegamos a la cruz para obtener perdón de los pecados, pero no para morir a nuestros pecados. Y usted, ¿Cómo vino a la cruz; con qué entendimiento? Según Romanos 6:1, ¿Cómo seguiremos en el pecado los que hemos muertos al pecado? Si el hombre viejo murió, ¿cómo podemos seguir viviendo en él? ¿No sabemos que fuimos bautizados en Su muerte? Versículo 6, "...sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con El, para que el cuerpo del pecado sea destruído, a fin de que no sirvamos más al pecado." Habla de un hombre.

Según 2 Corintios 4:18, mientras no miramos. "Mientras" significa una manera de vivir. Mientras no miramos. ¿Qué significa mirar? Dar toda atención a una cosa, concentrar nuestra atención o poner nuestro corazón sobre algo, fijarlo la atención de llegar a saber algo. ¿Qué es nuestra vida? Nosotros no miramos a las cosas que se ven. Y usted, ¿qué mira? Y ustedes, ¿qué es lo que miran uno a otro? ¿Qué es lo que ven? ¿Qué es lo que comprenden? ¿Qué es lo que desean ver en sus corazones? ¿Acaso las cosas que se ven o aquello que solo en Cristo puede ver? Aquello que solo el Espíritu puede revelar. Eso afecta mucho como se predica, y como se relaciona al mundo. Hasta usted no se vea a sí mismo muerto, no puede ver a otros muertos. Esto les digo: si yo me veo como un anglo, entonces yo les veo a ustedes como hispanos. Pero si yo me veo como muerto y Cristo vivo en mí, entonces a ustedes yo tengo que verles igual. Porque uno murió y Uno vive. Su muerte es la respuesta de Dios para el pecado.

No solo eso, Su muerte es la solución de Dios a la creación. 2 Corintios 5:14-17, "Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron." Quiero que veamos esta palabra. En la mañana miramos las palabras "una vez" relatando a ese altar. "Todo." ¿Se acuerdan mi explicación sobre el sacrificio? Cada israelito llevaba su animal para sacrificar. Le ponían las manos; identificaban con el animal; y miraban mientras el animal fue matado. Le cortaba la garganta, y salía la sangre. ¿Qué hacía el sacrificio? Escuchen bien. Moría al pecado. Además ya no puede pecar porque murió al pecado. Eso es lo que dijo Pablo, ¿Cómo podemos vivir en pecado si estamos muertos al pecado? Luego habla de su comprensión. Dice, ¿No sabéis que estáis muerto; no comprendéis que cuando vinistéis a Cristo, vinistéis por Su muerte? "...sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado..." Usted y yo tenemos que llegar por el Espíritu a ver que ese hombre viejo muere. Tenemos que ver como corre la sangre. Todo esto se cumplió en Cristo, en Su muerte, en Su sangre. Pero allí nos identificamos con El. El murió como usted y como yo. A pecado El murió.

Allí no termina. Luego el animal lo cortaban en pedazos. Todos los pedazos, TODOS los pedazos se ponían en el altar. ¿Qué representan todos estos pedazos? Representan a todo el hombre, todas las razas, todos los colores, todo grupo étnico. Representan toda la creación de Dios. ¿Qué sucedió a esos pedazos? Jamás pudieron unirlos para reconstruir el animal, sino los consumieron. Los quemaron en este altar hasta que no quedaba nada más que cenizas. Ojalá fuera que todos nosotros en vez de ver muchos étnicos o nacionalidades solo podemos ver cenizas. ¿De qué color son las cenizas? ¿Cómo se puede formar de cenizas una persona? Es preciso que usted se vea como cenizas. Usted tiene que comprenderlo en Su muerte. No queda más que cenizas, y hasta las cenizas se llevan al aire, y el viento las sopla.

¿Qué tan más claro puede hablarnos el Señor? Dios no da preferencia a las razas, o nacionalidades, o color. Aquí se acaba todo lo natural. La muerte de Cristo es la solución para toda la creación. Escuchen. Nunca habrá paz hasta que toda la creación llegue a esta comprensión. No hay modo de que un judío viva en paz con un gentil. Tienen que llegar a cenizas, las cenizas del gentil y cenizas de judío, todas puras cenizas. Tenemos que encontararnos en Cristo, ni judío ni gentil. El cuerpo de pecado, gentil y judío, tiene que ser destruído. Hay un nuevo cuerpo en Cristo que no es ni gentil ni judío que se vive para siempre. Ustedes son ese cuerpo. Su muerte es la solución de la creación. Las pláticas diplomáticas no son la respuesta. Gastan el tiempo. Toda guerra mayor en la historia humana comenzó durante pláticas diplomáticas. Es lo que el mundo trata de substituir por la cruz. No queremos morir, así es que tratemos de vivir en paz. El problema con eso es esto: si podemos aprender a vivir juntos, aún así seremos el hombre equivocado. ¿Comprenden? Todavía somos el hombre equivocado. Tenemos que pasar por Su muerte. El hombre viejo fue crucificado, y el hombre nuevo es Cristo.

Ahora bien, una última cosa. Efesios 2:14-18 nos dice que Dios tomó al judío y al gentil e hizo de ellos un solo hombre. Hizo de ellos un cuerpo por la cruz, y, en un cuerpo, crucificó tanto al judío y al gentil para que surgiera en resurrección un nuevo hombre que no es judío ni gentil, sino Cristo mismo. Vivimos por Cristo. Es lo son las cenizas.

Bien, la última cosa. De las cenizas de aquellos sacrificios quemados todavía queda una cosa: el humo ascendía al Señor. Se decía que era un olor fragante. Muchas veces en el antiguo testamento se habla del olor fragante. El humo con su olor fragante ascende de este mismo altar mientras caen las cenizas. ¿Qué significa eso? Primeramente, Su muerte es la respuesta al pecado, segundo, la respuesta de creación; y tercero, y lo más importante aquí, Su muerte es la solución de Dios para mí. La palabra "yo"; el "yo" no tiene color. "Yo" se encuentra en todos los colores. ¿Entienden lo que digo? No importa cual sea mi color, o mi grupo étnico, sino "yo." Por fin la muerte de Dios trata con USTED, no su nacionalidad o color, no su condición bien o mal. Solo la muerte trata con el "yo." Escuchen bien. Esto es el trato final de Dios. Y ese humo que sube a las fosas de Dios no es el olor mal de carne quemando. Es olor fragante de Cristo.

Gálatas 2:19-21. Fíjense bien en estas palabras. "Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios." Aquí está la palabra "yo." "Porque YO por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios." Escuchen por favor. La muerte de Cristo es la solución para YO de mi bondad, mi justicia propia o a mi avaricia o mi enojo. La muerte de Jesús es la solución para MI. El hombre natural trata de no hacer esas cosas. "Voy a mejorar." La respuesta de Dios es la cruz de Cristo. Dios dice, "No los quiero a ustedes mejorado ni cualquiera; quiero a Mi Hijo. Por eso dice aquí en versículo 20, "Con Cristo estoy juntamente crucificado..." A eso tiene que llegar. Nosotros decimos, "Bueno, ya murió mi hombre viejo, pero yo sí vivo." No, YO estoy crucificado con Cristo. El pecado, crucificado; toda la creación humana, crucificada; y al fin, yo, crucificado. Yo estoy crucificado. A eso tenemos que llegar. El humo que sube. Vamos a verlo. "Con Cristo estoy crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí..." Fíjense bien en estas palabras, "yo estoy crucificado." Luego, fíjense en estas, "ya no vivo yo, ya no yo, sino Cristo." La realidad aquí de la que habla Pablo incluye esto, yo estoy crucificado. No yo, pero la realidad aquí pasa "no yo." La realidad es que Uno sí vive. Uno aquí sí vive. No soy yo, pero sí vive alguien. El humo que ascende da testimonio que no soy yo; es el olor de Cristo. Cristo está viviendo aquí. El humo que ascende es un olor fragante que complace a Dios. Y eso es la realidad de Su muerte. Sí, el pecado muere; una creación muere; yo muero, pero Cristo vive. ¡Aleluya! Y eso es el gozo de Su muerte, de que El vive. ¡Gloria al Cordero de Dios viviente!

Tenemos que llegar a esta comprensión, conociéndolo a El en Su muerte. Venimos al último mueble que está en el corte exterior, la fuente. La fuente significa el lavando de la Palabra de Dios. Efesios 5 habla del lavarnos con el agua de la Palabra. Es un tipo de que el Espíritu renueva nuestra mente. Pero también la fuente habla de un espejo. Miramos en la fuente. Vemos allí como mirar en un espejo. Vemos una cara; vemos un rostro, pero ahora no es la nuestra. Ya hemos venido por Su muerte. ¿Qué entonces vemos en el espejo, en la palabra, en la escritura? Lo que vemos es la gloria de Dios, mirando la gloria de Dios somos transformados a la misma imagen. ¡Gloria a Dios! Vemos que no es yo, sino Cristo. Un proceso de lavamiento y renovando sucede hasta que despojamos del viejo hombre (afuera de nuestra mente y recuerdos) y nos vestimos del nuevo hombre. Esta es obra del Espíritu Santo en la cruz de Cristo. En la mañana entraremos a este lugar santo. Trataremos de conocerlo a El en Su sepultura. Viendo la verdad como se encuentra en Cristo. Viendo la verdad como se encuentra EN Cristo. En Cristo las cosas son diferentes. En Cristo todos son uno. ¡Gloria a Dios! Viendo la verdad como está en Cristo. Conociendolo a Cristo en Su sepultura.

Señor Jesucristo, ministra a nuestros corazones por Tu Espíritu. Permite que este tiempo no sea solo de palabras, sino un tiempo en conocerlo a El por el Espíritu de la verdad. Permita que estos días resulten en un incremento de Cristo. En el nombre de Cristo. Amén.

 

Conciéndolo a El en Su Sepultura

Estamos agradecidos esta mañana por el Señor Jesús. Estamos agradecidos estar reunidos para este tiempo de adoración. Permitamos que el Espíritu Santo nos acerque a la realidad de Cristo. Vamos a continuar con nuestro tema conociéndolo a El. Hoy vamos a hablar sobre Su sepultura. Abran sus Bíblias a Romanos 6:4, "Porque somos sepultados juntamente con El para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva." Hay un orden divino en la cruz, y vamos a hablar de ese orden hoy. El orden es Su muerte, Su sepultura, y Su resurrección. No es primeramente Su sepultura, luego Su muerte, y entonces Su resurrección; es primero Su muerte, luego Su sepultura, y luego Su resurrección. ¿Qué significa ese orden? Es un orden de comprensión. Es la manera que usa el Espíritu Santo para llevarnos a conocer a Cristo cuando ya hemos decidido conocerlo. Estamos usando el tabernáculo. Como vimos ayer, no se puede entrar en el segundo lugar sin entrar primero el lugar exterior. Todo esto representa a Cristo. Es un tipo bíblico de Jesucristo. Si Israel quería llegar a la presencia de la gloria de Dios, tenían que pasar en este camino. De hecho, una vez al año todo Israel entraba a la presencia de Dios. ¿Porque dijo todo Israel? Primeramente, de todo Israel Dios escogió el tribu de Leví. Los levitas representaban todo el pueblo. Dios decía de los levitas que era Su diezmo. ¿Qué significa el diezmo? El diezmo representa todo. Cuando usted presenta el diezmo, a Dios representa todo lo que usted tiene. En esto usted lo entrega todo al Señor. Entonces los levitas eran el diezmo a Dios. En los levitas Dios recibía todo el pueblo de Dios. Los levitas ministraban aquí en la primera corte. El pueblo traía sus sacrificios a los levitas. Entonces todo el pueblo estaba representado en los levitas en el primer corte.

De los levitas Dios escogió cinco sacerdotes. Y estos aquí tenían su ministerio en el segundo lugar. Dios miraba en estos cinco levitas todo el tribu de Leví y todo el pueblo de Israel. Esos cinco sacerdotes quienes ministraban aquí representaban todo el pueblo de Israel. Luego de esos cinco Dios escogió un sumo sacerdote. Una vez al año el sumo sacerdote entraba en el lugar santísimo. Y en ese sacerdote se representaba todo Israel. En Hebreos el escritor dice que nosotros tenemos tal Sumo Sacerdote, y por El todos hemos entrado. Pero para nosotros no es una vez al año, sino una vez para siempre. Esto representa un orden divino, y Cristo cumple todo ese orden: el camino, la verdad, y la vida. Todos estos representan "yo soy." Yo soy el camino; yo soy la verdad; Yo soy la vida. Entonces el camino es el mismo como la verdad, y la vida es el mismo como el camino porque todos son la misma persona.

Entonces, ¿qué significa este tabernáculo? Representa el crecer en Cristo, el conocer a Cristo como el camino, la verdad, y la vida. El crecer en El es que esto significa para nosotros. Usted y yo hemos llegado a esa realidad. Por nosotros no están levitas y sacerdotes; para nosotros es el Espíritu Santo. Para nosotros no es un hombre sumo sacerdote; para nosotros el Sumo Sacerdote es Cristo el mismo. Para nosotros la gloria de Dios no es una nube o un fuego; para nosotros la gloria de Dios es Cristo viviendo y morando en nosotros. Entonces Cristo nos dice, "Si quieren llegar a la realidad de esto, si quieren llegar a conocer esta relación, hay que venir por Mí. Yo soy el camino, la verdad, y la vida."

La muerte, la sepultura, y la resurrección. Antes de que podamos conocer a El en Su sepultura, antes que podamos experimentar a Cristo en Su sepultura, tenemos que experimentar la realidad de Su muerte. Es de lo que hablamos ayer. Ahora el Espíritu Santo nos guía más adelante así como el sacerdote avanzaba más. El Espíritu Santo nos avanza más. El Espíritu Santo nos dice, "¿Quieren conocerlo a Cristo en Su sepultura?" Nos dice, "¿Quieren conocer a Cristo experimentando Su sepultura?" Nos dice, "¿Me permitirás obrar en ustedes las pruebas de Su sepultura?" Esto es lo que nos pregunta el Espíritu.

Este lugar santo de la sepultura de Cristo representa un tiempo de transición. El Espíritu Santo nos está trayendo de un nivel de conocerlo a otro nivel. Y es un tiempo de transición, y para muchos es muy difícil porque eso requiere que uno espere a Dios permitiendo al Espíritu de Dios obrar en su corazón. El tiempo de la verdad ha llegado. El camino, la verdad, la vida. Estamos confrontados con la verdad como se encuentra en Cristo. La mayoría de nosotros nos motivamos por lo que vemos. Podemos decirlo así: motivamos por la verdad que se encuentra en el mundo. Pero aquí nos confronta con la verdad en Cristo. Aquí no sirve el pensamiento natural. Aquí el Espíritu Santo nos trae para ver las cosas no como parecen, sino como en verdad son. Por ejemplo, aquí nos miramos esta mañana con los ojos naturales. Todos estamos en Cristo; Cristo es nuestra vida. Es una realidad, pero nos miramos y vemos las cosas como aparecen. Aparece que somos hombres y mujeres, latinos, mejicanos, o gringos. Aparece que somos viejitos o jóvenes. Esas son las cosas como aparecen, pero actualmente en Cristo donde no ven los ojos, y los oídos no oyen, pero solo el Espíritu Santo puede revelar; no somos viejos ni jóvenes; en El somos personas eternas. En El no tenemos edad. En El no somos mujeres o hombres o morenos o blancos; en El somos hijos de Dios. ¡Aleluya! De éso hablo. Pero muchos creyentes se motivan con cosas que aparecen a diario. ¿Cómo es con ustedes? Viene a usted una decisión que hacer. Y usted ¿cómo se motiva, con cosas que aparecen o con la verdad en Cristo? Viene a usted una crisis. ¿Se motiva con las cosas que aparecen o con la verdad en Cristo? De esto hablamos. El Espíritu nos trae a una nueva cámara espiritual.

Esto aquí era una tumba natural, pero significaba las cosas espirituales y una cámara espiritual. El Señor Jesús nos trae a una cámara espiritual. Entonces el Espíritu Santo está alumbrando los ojos de nuestro entendimiento a una dimensión nueva de Cristo. Y nos enfrenta allí la verdad como está en Cristo. Ahora les digo, la mayoría de los cristianos no quieren enfrentar la verdad en Cristo. No hay concesión con la verdad. La verdad no cambia; está firme. Muchos prefieren vivir en las sombras donde no es ni de la oscuridad ni de la luz; están en medio. Esa gente quiere conocer algo de Cristo pero no demasiado. O tarde o temprano tenemos que enfrentarnos a la verdad en Cristo. ¿Por qué? Porque eso es el orden divino del Espíritu Santo. Se llama el Espíritu de verdad. Tiene que traernos a la verdad. Es preciso que lleguemos a conocer la verdad como se encuentra en Cristo. Pero les voy a decir, esto puede ser una crisis, una cosa difícil para usted porque hemos creído una cosa por tanto tiempo. Cuando estamos enfrente de la verdad, (La verdad nos viene de repente; Jesucristo siempre viene a uno de repente. Ustedes han experimentado como a veces de repente el Espíritu Santo mueve en nosotros sin aviso. Y así viene la verdad.) no tenemos tiempo de pensarlo. De repente se nos enfrenta la verdad. A veces eso es muy difícil. Por ejemplo, tanto tiempo yo pensaba que era hombre; yo pensaba que era gringo, norteamericano; pero ahora aquí en este lugar se me enfrenta la verdad como está en Cristo. Aquí morí yo. Y aquí la verdad se me enfrenta. Sí aquí morí yo, entonces aquí no soy hombre o güero. Todo eso aquí se acabó. Aquí tengo que venir a otra identidad. Tengo que aprender una vida nueva. Tengo que recibir la verdad que está en Cristo. Es un tiempo de transición. Pablo dice que es renovarse en el espíritu de la mente. Eso es extrememente necesario para nuestro crecer en Cristo.

Pensemos en esto un momento: la sepultura en su sentido natural, ¿no es un tiempo de transición? Por ejemplo, muere alguien, ¿qué es lo próximo que pensamos nosotros? Pensamos, "Hay que enterrarlo; tenemos que preparar un funeral." No pensamos en la resurrección; pensamos en un funeral. Hay que enterrar a esa persona porque eso es el orden. ¿Qué es lo que sepultamos? No sepultamos el alma; no sepultamos el espíritu; sepultamos al cuerpo. La Bíblia dice esto en I Corintios 15:25: aquel cuerpo que sepultamos en la tierra no es el mismo cuerpo que sale de allí. Hay una transición. El cuerpo antiguo se acaba, y luego, ¿qué importa si ese cuerpo era moreno o blanco? ¿Qué importa si era hombre o mujer, joven o viejo? En la sepultura nada importa de esas cosas porque eso no es el cuerpo que surge en la resurrección. ¡Así es en Cristo.! Así es en Cristo. Eso es precisamente el mensaje del I Corintios 15.

Así es en Cristo. Somos sepultados para muerte por el bautismo. Aquel cuerpo que es sepultado no es el mismo que surge. Somos sepultados como un hombre viejo; surgimos como un hombre nuevo. Tenemos que llegar a comprender esto. ¿Por qué? Porque usted no puede vivir en la resurrección si no ha pasado por la sepultura. Su muerte, Su sepultura, y Su resurrección. El no fue resucitado de la cruz, el lugar de muerte. Fue resucitado de la sepultura y así nosotros también y así también en una manera espiritual. Y así es en Cristo. No podemos andar como hijos de Dios y también hijos de la humanidad. No podemos vivir como el cuerpo de Cristo y también como el cuerpo de la humanidad a la misma vez. Se requiere una transición en nuestros corazones. Cristo dice, "...conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres." Así es que aquí en este lugar en este orden del Espíritu, confrontamos la verdad. Es un tiempo de transición.

Ahora bien. Jesucristo habló de tres días. La sepultura representa el segundo día. Su muerte, Su sepultura, Su resurrección: primer día, segundo día, tercer día, tres días representando una obra completa. Dios dijo en el antiguo testamento que en tres días en cada año todos sus hijos vendrán a Mí. Ayer hablamos de las siete fiestas. Categoría las siete fiestas en tres fiestas. Eso está en su Bíblia. Se representaban tres días, y esos tres días fueron completados en Cristo Jesús. No son días naturales porque las fiestas no representaban cosas naturales, sino representaban cosas espirituales. Por eso se decían fiestas del Señor. Representaban realidad espiritual, y cuando Dios dijo que en estos tres días en cada año todos sus hijos vendrán a Mí, ¿qué es lo que estaba diciendo? Estaba diciendo, "Esto es la manera en que les recibo: por Su muerte, por Su sepultura, y por Su resurrección." Eso es lo que estaba diciendo el Señor. Tres días cada año Israel tenía que venir delante de Dios. Jesucristo habló de esos tres días como Su muerte, Su sepultura, Su resurrección, no días naturales, días espirituales. Todo el tabernáculo representa una realidad espiritual, no lugares naturales, sino lugares espirituales, dominios espirituales.

Jesús habló de esos tres días. El tiempo de Su sepultura es el segundo día. Quiero que veamos esto un poco. Mateo 12:40, "Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo de Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches." Ahora vamos a seguir el orden en la escritura. Mateo 26:61, "...que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo." Mateo 27:40, "...y diciendo: Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a Ti Mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz." y 63, "...diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré." Bien vamos a ver aquel se asocia con estos tres días. Primeramente se asocia con la resurreccíon. Dice como fue en los días de Noé, así también será el venido del Señor. La resurrección involucra una nueva humanidad. La resurrección involucra una nueva creación. Así como fue con Jonás, así será el venido del Hijo del hombre. El Hijo de hombre representa a Cristo en usted, Cristo en una nueva humanidad. Un hombre nuevo va a surgir. En tres días surge un nuevo hombre. Segundamente, en tres días surge un templo nuevo. Los mismos tres días, Su muerte, Su sepultura, y Su resurrección. Surge un nuevo templo se llama el templo de Dios. Es la morada del Dios altísimo. El hombre nuevo y el templo nuevo son el mismo. Son uno el mismo. Una nueva creación y un nuevo templo son lo mismo. Es Dios morando en Su pueblo.

Luego dijo, después de tres días yo resucitaré. Entonces los tres días se asocia con el mismo Jesucristo. Entonces, ¿quién es la nueva creación? Es todo el cuerpo de Cristo quien solo por El vive. Entonces ¿quién es el templo nuevo? Es el pueblo en que El vive y mueve. Es Cristo morando y viviendo en Su pueblo. Ellos no entendian lo que El significa con los tres días. En Marcos 14:58, "Nosotros Le hemos oído decir: Yo derribaré este templo hecho a mano, y en tres días edificaré otro hecho sin mano." ¿Qué es lo que están haciendo? Le están acusando a Cristo. Están mirando las cosas en lo natural. No comprenden estos tres días de que El habla. Ellos dicen, "Es imposible que El haga eso; es el templo de DIOS que El va a destruir." Así se sienten muchos de hoy en día. Tenemos nuestras doctrinas y nuestras enseñanzas. Queremos protegerlas de la verdad.

Esto es difícil, pero escuchen bien. Queremos decir, "Todos somos hijos de Dios, rojo y amarillo, negro y blanco; todos somos preciosos en Sus ojos." Hasta lo cantamos en la escuela dominicana. Pero no es así. Solo una creación hay que es preciosa a la vista de Dios, y es la nueva creación en Cristo Jesús. En esa creación no hay negro o blanco, judío o gentil, hombre o mujer, sino Cristo es todo y en todo. Eso así es precioso en los ojos de Dios. Eso es el templo de Dios; eso es la creación de Dios. El otro tiene que ser destruído en nuestros corazones. Tenemos que aprender que aquella creación murió con El. Tenemos que permitir que se sepulte con El, desecho. ¿Por qué? Para que surja una nueva creación en nuestros corazones y en nuestro entender. Pero lo nuevo no surgirá mientras estemos agarrando lo antiguo. Nuestro problema es que no queremos sepultar a lo muerto. Queremos cargarlo con nosotros. El hombre viejo se hace una carga pesada. Porque cuando quiere correr la carrera mirando a Cristo, se siente la carga pesada del hombre viejo y la creación antigua, la antigua manera de entender. Les digo que tiene que ser sepultado. No puede dejarlo por cualquier parte. ¿Por qué es necesario la sepultura? Es una comprensión espiritual; es algo que tiene que ser obrado en nuestro corazón. ¿Por qué es necesario la sepultura? Porque la sepultura tiene finalidad.

¿Ha perdido a alguien que murió? A mi me ha pasado. Y usted le ve allí después de morir. Pues, parece la misma persona. A veces parece mejor. Está muerto, pero le miramos. Escuchen bien. Le hacemos caso a ese muerto, pero está muerto. Le hacemos caso con ropa, pero está muerto. Le gastamos dinero, pero está muerto. Se reunen todos para ver al muerto. Es por eso precisamente que es necesario que sepultemos lo muerto, le enterramos, le deshagamos lo muerto. La sepultura tiene finalidad. Se acabó, se terminó, se completó. Ahora podemos esperar la resurrección. No mirar lo muerto, sino mirar lo vivo. ¡Aleluya! Ya basta de tiempo que pasamos con lo muerto. Ahora miramos a lo vivo. Ya basta de tiempo que yo sea anglo. Es tiempo de ser una creación nueva en Cristo Jesús. Ya basta de tiempo que pasar con el cuerpo muerto. Ya es tiempo de salir como Su cuerpo viviente. El Espíritu Santo quiere traernos aquí. Es un tiempo de transición.

A fin llegamos a esta declaración en Juan 2 acerca de los tres días. Hemos leído sobre lo que dijeron los acusadores que dijo Cristo. Ahora vamos a ver lo que El dijo. Juan 2:18-21, "Y los judíos respondieron y Le dijeron: ¿Qué señal nos muestras, ya que haces esto? Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y Tú en tres días lo levantarás? Mas El hablaba del templo de Su cuerpo." No templo natural, pero un templo vivo y nuevo; no días naturales, sino días espirituales: el día de Su muerte, el día de Su sepultura, y el día de Su resurrección. Estamos tratando sobre el segundo día, la transición entre lo muerto y lo vivo. La sepultura. Con El morimos; vivimos por El. La sepultura es un tiempo de la renovación de la mente, de aquello muerto a aquello que vive, del templo antiguo construído por hombre al templo nuevo construído por Dios. El tiempo de Su sepultura.

 

 

Su Sepultura: Tiempo de Esperar

La sepultura es un tiempo de esperar. La mayoría de los creyentes pasan poco tiempo esperando a Dios, esperando delante del Señor, esperando en el Espíritu de Dios. Tenemos tanta prisa siempre. Es difícil para la mayoría de la gente separar tres años así como ustedes han hecho. Sabe que su tiempo aquí es como un tiempo de sepultura. Muchos de ustedes salen de un mundo y vienen a otro. Están aquí en un tiempo de cambio de una manera de comprender a otro, preparando para aquella vida nueva y ministerio nuevo para que sean enviados al mundo. Este tiempo también debe ser una obra del Espíritu Santo en sus corazones. No debe ser solo tres años, pero debe ser tres días, Su muerte, Su sepultura, y Su resurrección. El tiempo de sepultura es tiempo de esperar. Depende del Espíritu Santo obrando en su corazón, y depende de su disposición a permitir al Espíritu Santo que obre en su corazón. Mucha gente no está dispuesta para que el Espíritu Santo obre en su corazón. Pero esto es un tiempo de cambio.

La sepultura es un tiempo entre la muerte y la resurrección. Veremos que es un tiempo de la renovación de la mente. Es un tiempo de esperar para que surja la comprensión de vida nueva en Cristo. Les dije en la mañana que la verdad llega de repente. La obra del Espíritu Santo viene de repente, pero tal vez requiera mucho tiempo en nosotros. El tiempo de la sepultura puede obrar en nosotros durante años, moviéndonos a un mayor conocimiento de Cristo. Pero sí les digo esto: toda de la creación antigua será tratado durante este tiempo, todo, su identidad, su nacionalidad, su concepto de Dios; todas cosas serán tratados a la luz de la verdad en Cristo. Es un tiempo muy importante, y no hay que darse prisa. Se representa por este segundo lugar santo en el tabernáculo. En el tabernáculo antiguo se pasaron más tiempo en este lugar que en los otros. A diario los sacerdotes estaban llevando su ministerio en este lugar. Entonces, esto habla en tipos de la obra del Espíritu Santo en nuestros corazones que toma tanto tiempo, un tiempo de cambio, un tiempo de esperar. ¿Esperamos a qué? De esto vamos a hablar ahora.

En Juan 11 se encuentra la historia de Lázaro. Lázaro tipifica la muerte, la sepultura, y la resurrección de Cristo. Lázaro es como un precursor de Jesucristo y Su muerte, sepultura, y resurrección. Esta historia se encuentra en versículos 1 a 26. Vamos a leer algunos. Versículos 1-4, "Estaba entonces enfermo uno llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta su hermana. (María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al Señor con perfume, y le enjugó los pies con sus cabellos.) Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo. Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella." Esto de que hablo, Su muerte, Su sepultura, Su resurrección, es para la gloria de Dios. No es solo para que muera el hombre viejo; es para que viva el nuevo. Toda la cruz es para la gloria de Dios. Es para glorificar a Dios. La experiencia de la cruz no es ante todo para acabar a usted o mí; ante todo, es para que surja la vida del Señor Jesucristo. ¿Qué es lo que quiero decir? Quiero decir esto: el resultado de la cruz no es muerte, sino es vida. La cruz no es un lugar de tristeza; es un lugar de gozo. Pablo dice, "Si voy a gloriarme, me gloriaré en la cruz donde yo estoy crucificado al mundo y el mundo para mí." Luego sigue diciendo, "Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación." ¡Aleluya! Es para la gloria de Dios.

¿Qué estamos esperando aquí en la sepultura? Esperamos que sea revelado la gloria la Dios. ¿Quién es la gloria de Dios? Cristo en vosotros es la gloria de Dios. La Bíblia lo dice así: Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria. El es la gloria que está en expectativa. Por ejemplo, cuando una madre está cargando a un niño, el niño esta en ella; el niño esta vivo; el niño está creciendo. Es una persona viva, pero está en expectativa. ¿Qué es lo que se espera? Se espera el nacimiento o manifestación de ese niño, del parto; espiritualmente lo que se espera es la gloria. Cristo está en usted; Cristo vive en usted. Pero esperamos algo más en nuestros corazones; esperamos verlo a El, conocerlo a El, y manifestarlo a El delante el mundo. Esperamos la gloria de Dios. La gloria de Dios está en ustedes. ¿En que lo estamos esperando? Esperamos que esa gloria sea revelado. Esperamos que esa gloria sea manifestada.

Lázaro es un tipo de esto. Versículo 11, "Dicho esto, les dijo después: Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle." Para el Señor ese tiempo era para dormir. ¿Por qué era así? Porque tuvo la intención de despertarlo. Para sus amigos era tiempo de muerte. Hasta que Cristo tuvo que decirles claramente en versículo 14, "Lázaro ha muerto." Pero para el Señor, Lázaro estaba dormido. Hablando espiritualmente, nuestra sepultura es un tiempo de dormir esperando a escuchar la voz del Señor, "¡Despiértate!" El nos despierta en la vida nueva. El nos despierta en nuevo conocerlo a El. ¡Despierta tú que duermes, y Cristo te dará la vida! Esto es esa clase de tiempo.

En versículo 39 Jesús llega al lugar de la sepultura. "Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días." Nuevamente, los días literales llegan a ser un obstáculo. Tiene cuatro días muerto. Pero el Señor está allí representando tres días. Hablando espiritualmente Lázaro tiene dos días muerto. ¿Entienden lo que digo? Está en el segundo día, el de la sepultura. Está dormida. Así lo mira el Señor. También sucedió lo mismo cuando El estaba hablando del templo, "...y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo." Ellos hablaron de días temporales, pero el Señor habló de días espirituales. Voy a decirles algo. Este día segundo puede obrar en usted en su corazón por diez años, pero aún sí es un solo día. Es un tiempo espiritual del Espíritu Santo en que El está obrando en nuestros corazones una nueva comprensión de Cristo. Es preciso que lleguemos a este día, este tiempo del Espíritu. Es preciso que esperemos allá hasta que sea completada la obra del Espíritu Santo. Usted no puede decir, "Ya tengo quince años aquí; ya tengo dos años aquí; ya tengo cinco años aquí." Porque el Señor solo ve UN día, el día de la sepultura. ¿Quién es la luz de ese día? El Señor es la luz de ese día. Es la realización y comprensión de Cristo que nos trae fuera de ese día. Allí esperamos la revelación del Señor. Estamos esperando un nuevo conocimiento de El. Estamos esperando la fe del Hijo de Dios. De ese día salimos en la fe del Hijo de Dios. Pablo dijo, "...y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios." Es una nueva comprensión del Cristo.

"Quitad la piedra." Ha llegado el tiempo. Tiempo natural no determina tiempo espiritual. Solo el Señor determina el tiempo espiritual. ¿Quién determinó el tiempo aquí en la historia de Lázaro? Fue el Señor. Allá estaba El en otro lugar. Llegó un mensajero, "Lázaro está enfermo; va a morir." El Señor se delató. Luego llegó la noticia, "Ya ha muerto Lázaro." El Señor se quedó. Cuatro días esperó. El está enseñando algo allí. El tiempo natural no Le importa a El. "Señor, yo tengo un año aquí; ya tengo dos años aquí; ya tengo tres años aquí. Eso no es el asunto con el Señor. El Señor diría esto: "Sí, pero la cuestión es ¿Me conoces a Mí? No importa cuanto tiempo tienes aquí, sino Me conoces a Mí?" El tiempo natural no Le importa nada al Señor. El determina el tiempo de Su llegada, de Su revelación. Esperamos hasta que El venga. Nosotros esperamos hasta que El sea revelado. Eso es lo que determina el tiempo y no otra cosa. ¡Aleluya! ¿Cuánto tiempo vas a pasar allí? ¿Cuánto tiempo vas a estar en la sepultura? Hasta que venga el Señor, hasta que yo Lo vea a El, hasta que yo Lo conozca a El, hasta que yo salga delante de la fe del Hijo de Dios. Yo no puedo quitar la piedra. Solo el Señor determina eso. El Señor dijo, "Quitad la piedra." Luego dijo el Señor a Lázaro, "Sal fuera." El que sí estaba muerto salió a la voz del Señor. Usted no puede salir de la sepultura hasta que no oiga la voz del Señor. Juan volvió para ver la voz que hablaba. Es necesario que usted escuche la voz del Señor.

Lázaro es un tipo. Ahora aquí está el cumplimiento de este tipo. Juan 6:39. Es necesario que usted estudie todos estos versículos. Quiero que vean algo en cada uno de ellos. Versículo 39, "Y esta es la voluntad del Padre, El que me envió: Que de todo lo que Me diere, no pierda Yo nada, sino que los resucite en el día postrero." "...en el día postrero." Otra vez en Juan 11:24, "Marta Le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero. Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida." Vean lo que aquí se dice. Marta está esperando el día postrero, una resurrección. Cristo dice, "¡Aquí estoy; Yo soy el postrer día; Yo soy la resurrección; Yo soy la vida; Yo soy Lo que espera!" Y sin embargo, muchos siguen esperando para aquel postrer día, pero Jesús es el día. ¿Lo ve? Esto es teología bíblica.

En el antiguo testamento todos los tratos de Dios con Israel se resumen en tres días. Esta mañana hablamos de esto. "Traiga a todo Israel delante de Mi en tres días." Esos días representaban las tres fiestas, los días santos. Todos sus tratos con Israel tenían su centro en estos tres días. Ya leímos donde Cristo dice, "tres días, tres días, tres días." "Estaré en la tierra tres días; lo edificaré en tres días; Yo resucitaré en tres días." Esos tres días tienen su cumplimiento en Cristo. No hablamos de días naturales, sino espirituales. La Pascua, el día de Su sepultura, y la fiesta de Pentecostés. El cuerpo es ungido para la sepultura. Es la unción del Espíritu Santo que logra este cambio. En la sepultura estamos esperando en el Espíritu. Y el tercer día es la fiesta de los tabernáculos, la trompeta del Señor, la voz del Señor, "¡Lázaro, sal fuera!"

Estos tres días, Su muerte, Su sepultura, y Su resurrección, todos están resumidos en El en el gran día del Señor. ¿Qué es el día del Señor? Es el día en que El es la luz, el día de Su aparecer y Su manifestación. El es la luz y el cumplimiento de ese día. El día postrero es el día tercero. El arca de pacto es el tercer día, la gloria de Dios, el día postrero. ¿Qué equivalen a estos tres días? Un día eterno y espiritual, el día del Señor. Sois hijos del día; andad en la luz como El está en la luz. El es la luz de ese día. No hablamos de días naturales pero un conocimiento espiritual de Cristo en que vivimos diariamente.

Marta dijo, "el postrer día." Juan 6:39-40, "Y esta es la voluntad del Padre, El que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda Yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en El tenga vida eterna; y Yo le resucitaré en el día postrero. (versículo 44) Ninguno puede venir a Mí, si el Padre que me envió no le trajere; y Yo le resucitaré en el día postrero." Miren lo que dice aquí el Señor: "Ninguno puede venir a Mí, si el Padre que Me envió no le trajere." ¿Recuerdan el versículo en Juan capítulo 14? "...nadie viene al Padre, sino por Mí. Yo soy el camino, y la verdad, y la vida." Nadie puede venir al camino, la verdad, y la vida a menos que el Padre lo atraiga. Nadie puede llegar al Padre excepto por el camino, la verdad, y la vida; Su muerte, Su sepultura, y Su resurrección; día uno, día dos, día tres el postrer día. "Yo le resucitaré en El día postrero." El nos trae en manifestación de vida nueva. El nos dice, "Yo soy la resurrección; Yo soy la vida." Y a todo que ha venido a El, El lo resucita. ¡Todos ellos que están muertos y sepultados con El, El los resucita en Su vida! Esto es lo que está diciendo. El no pierde ninguno de ellos que vienen através de los tres días. La obra del Espíritu Santo en su vida no está en vano. El ha comenzado una obra; y la terminará. La completa en el día postrero, el día de Su resurrección, el día de Su revelación, el día de Su aparecer. En ese día nosotros llegamos a comprender, "El es mi vida."

De esto estamos hablando. Juan 6:53 y 54, "Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis Su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come Mi carne y bebe Mi sangre, tiene vida eterna; y Yo le resucitaré en el día postrero." ¿Qué quieres decir, Señor? Esto es lo que quiere decir. Versículos 56-57, "El que come Mi carne y bebe Mi sangre, en Mí permanece, y Yo en él. Como Me envió el Padre viviente, y Yo vivo por el Padre asimismo el que Me come, él también vivirá por Mí." ¿Qué quieres decir, Señor, que vas a levantarlo en el postrer día? "Esto es lo que quiero decir. Así como yo vivo por el Padre, tú también vivirás por Mí. Eso quiero decir: estoy en el Padre y vosotros en Mí, y Yo en vosotros. Lo levantaré en el día postrero; traeré una nueva creación, un nuevo hombre, un nuevo cuerpo en Mi resurrección en el día postrero, no día natural, sino día espiritual." Y la vida de ese día es el Señor Mismo. ¡Gloria a Dios!

Entonces, ¿qué esperamos? Esperamos el día postrero. Lo que esperamos es la revelación del Señor. Esperamos un cambio espiritual de un conocimiento a otro conocimiento vivo. Esperamos la renovación de nuestras mentes. Un tiempo de renovación. Primero dijimos que el tiempo de la sepultura es un tiempo de cambio. También dijimos que es un tiempo de esperar. Ahora vemos de que esto es un tiempo de renovación. En Efesios 4:20, "Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo..." ¿Qué significa? Versículos 17-19 lo explican. No habéis aprendido por la mente natural. Eso es lo que quiere decir. No habéis aprendido según entendimiento natural y no por los sentidos naturales. Miremos esto. ¿Qué cosa es quitado en la sepultura? El cuerpo con sus sentidos, la manera natural de vivir, el cuerpo natural. Eso es lo que se entierra para que salga el cuerpo espiritual. De eso Pablo está hablando. No habéis aprendido en lo natural. No han aprendido por los sentidos naturales.

Versículos 21-24, "...si en verdad le habéis oído, y habéis sido por El enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad." Aquí escribí, "Cambió del hombre viejo al hombre nuevo." ¿Dónde? En nuestro corazón. Aquí es donde el Espíritu está obrando. Aquí es donde sucede la sepultura -- en nuestros corazones. Aquí es donde esperamos. Aquí es donde velamos -- en nuestros corazones. Aquí es donde se sucede la renovación. Debemos ser renovados en el espíritu de nuestra mente, de nuestro corazón, de nuestro entendimiento. Venimos del viejo hombre que fuimos al nuevo hombre que ya somos en Cristo. Nos movemos del cuerpo de la muerte al cuerpo de la vida. ¿Qué cosa se sepulta? El cuerpo de la muerte. No se entierra al vivo; se entierra al muerto. El hombre viejo tiene que ser quitado y sepultado. El hombre viejo tiene que ser quitado, enterrado, y fuera de vista en toda su comprensión. Progresemos del cuerpo de la muerte al cuerpo de la vida.

Yo tengo un cuerpo, y soy un cuerpo. El cuerpo que tengo es natural; el cuerpo que soy es espiritual. Tengo que llegar en mi comprensión del cuerpo que tengo al cuerpo que soy para que el cuerpo que yo tengo sea siervo al cuerpo que soy. Presentad vuestros cuerpos como sacrificios vivos. ¿Por qué? Porque ustedes son un cuerpo, aún el mismo cuerpo de Cristo. Es un cuerpo vivo. ¡Gloria a Dios!

Hay tres piezas de mueble aquí, y cada uno significa un cambio de una cosa a otra cosa. Primero, el candelero. Tiene seis brazos pero siete puntos porque la parte central es el séptimo punto. Esta lámpara significa algo. Su cumplimiento solo se puede encontrar en Cristo. Representa UN evangelio. Representa viniendo del evangelio que se basa en mandamientos al evangelio basado en la revelación de Cristo. Y es preciso que cado uno de nosotros lleguemos a ese cambio. A la mayoría de los predicadores y creyentes hoy en día, el evangelio es nada más que una colección de mandamientos. Predican ellos sobre cosas: "Haz ésto; no hagas aquéllo; vístete así; no te pongas éso; vete por acá; no te vayas por allá," muchos mandamientos. Así era con los judíos. "Come ésto; no comas aquéllo; haz ésto; no hagas aquéllo." ¿Acaso son malas estas cosas? No, no eran malas, pero no perfecionaban a la gente; no podían maturar a los creyentes. Lo que es importante es salir a la plenitud de Cristo. Existe un evangelio que puede lograr eso en usted, pero ese evangelio no es de mandamientos. Ese evangelio es Cristo mismo. Ese evangelio es Cristo revelado en usted. ¿Son malos los mandamientos? No, no son malos, pero no tienen suficiente bueno para lograr la madurez. Predicamos sobre amor. Tenemos sermones sobre el amor, pero ¿puede hacer a alguien amar? Puede predicar todos los días sobre el amor, el gozo, la paz; y todos responderán, "Sí, quiero amar; sí quiero tener paz, sí quiero tener gozo. Pero luego, ¿qué? Entonces salimos y tratamos de amar, y tratamos de tener paz y gozo, pero no funciona. Pero hay un evangelio que sí funciona, la revelación de Cristo en usted, el obrando en usted de amor, paz, y gozo por el Espíritu.

Quiero que entiendan algo. La revelación de Jesucristo no es UN evangelio; es el único evangelio. No refiero a predicar sermones acerca de la revelación de Cristo. Estoy hablando de la experiencia de Cristo revelado en usted, la palabra viva del Dios vivo revelado en usted. El es el evangelio de Dios. El es la palabra de Dios. El es el testimonio de Dios. Tenemos que salir de todo aquello a llegar a El, conociéndolo a El. En El mora toda la sabiduría y pensamientos de Dios.

Hebreos 1:1-2 dice algo así, había una vez cuando Dios hablaba en muchas maneras: en fuego en medio de una zarza, en un nube, en un pilar de fuego, en los profetas. Eso es lo que dice este versículo. Habló en muchas maneras y lugares, pero ahora al terminar de aquellos tiempos Dios ha hablado en Hijo. Ese Hijo está en usted. ¿Cómo puede saber lo que Dios dice?, cuando el Espíritu revela a ese Hijo, y usted Lo conoce como amor, gozo, y paz. Y usted conoce a El como su vida. Entonces el evangelio sera realidad para usted.

Bien aquí hay una transición del evangelio de mandamientos al evangelio de la luz, y esa luz es Cristo mismo. A veces ese cambio es duro porque nosotros queremos predicar sobre el amor. Pero Cristo es amor. Su naturaleza es amor. Nunca conocerá el amor hasta que El no sea revelado en usted. No puede escuchar un sermon sobre amor y luego amar porque el amor no es de la naturaleza humana; el amor es de la naturaleza de Cristo. Hay un amor natural. ¿Sabe como se llama? Codicia, los deseos de la carne. Pero el amor de Dios es puro, justo, sin egoísmo, y sin pensamiento de sí mismo. Eso es amor. Eso es Cristo. Usted nunca conocerá ese amor hasta que Cristo sea revelado en usted.

Les digo, solo hay un evangelio, y ese evangelio es Cristo Mismo. Ese evangelio tiene que ser revelado en usted. El no es uno de muchos evangelios. El es el evangelio. No puede conocerlo a El por los sentidos; solo puede conocerlo por la revelación. Ese candelero habla de eso. Es todo de oro, y tiene aceite santo que habla de la revelación divina. Habla de la revelación de Dios de Su Hijo en usted. Pero eso requiere esperar. Usted no puede coger la Bíblia y predicar. Tiene que sepultarse. Su mente tiene que ser sepultada aquí. Sus sentidos tienen que ser sepultados aquí. Tiene que esperar aquí hasta que oiga la voz del Señor, no la letra, sino la voz del Señor. Aquí espera hasta que Dios revele en tí a Su Hijo, hasta que oigas a Su voz, hasta que sea la palabra viva. "Lázaro, sal fuera!" Hasta que escuches Su voz. Y si sales de allá antes que escuchar Su voz, vas a predicar muchas cosas naturales y pervertidas. Puedes predicar sobre el amor, pero nunca conocerás el amor. Puedes predicar sobre la justicia, pero no la conocerás. Predicarás religión, pero no predicarás a Cristo. No puedes predicar Cristo hasta que El sea revelado en usted. Solo un evangelio hay, y ese evangelio cambiará tu alma; ese evangelio renovará tu mente; y ese evangelio dará vida a los creyentes. ¡Gloria a Dios! En la tarde hablaremos sobre los otros muebles y que representan en la realidad de Cristo

 

Su Sepultura: UN Evangelio, UN Cuerpo, UN Hijo

Vamos a continuar donde acabamos esta mañana con la realización de Su sepultura. Esta es una realización espiritual a donde tenemos que llegar. Es un trabajo del Espíritu Santo en ustedes y en mí. Un tiempo de cambio de hombre viejo al hombre nuevo, un tiempo de espera del Hijo de Dios que sea revelado en nosotros. Estábamos viendo al candelero y lo que representa ese candelero. Ese candelero representa UN evangelio. Representa la comprensión de ese evangelio através del Espíritu Santo. Hay un cambio en nosotros de aquel evangelio de mandamientos al evangelio de Cristo. Este candelero es todo de oro, y eso significa algo. El significado es que es una verdad espiritual no una verdad terrenal. Todo en este cuadro es hecho de oro o cubierto con oro. Estamos tratando con verdades espirituales, y cada uno de estas piezas tiene su cumplimiento en Cristo. Ninguna de estas piezas son perfectas por sí solas; tienen su perfección en Cristo Jesús. En este tiempo es una de las realizaciones hasta que necesitamos llegar. Nada es perfecto solo Cristo. El evangelio perfecto no es mi predicación. El evangelio perfecto es que Dios muestra a Su Hijo en ustedes. La luz perfecta no es mi enseñanza. No es lo que yo creo porque yo también estoy aprendiendo a Cristo; usted ya está aprendiendo a Cristo. La luz perfecta es solamente Cristo. Así es que usted no viene a mí para encontrar la luz perfecta. Iría a El. Tenemos que entender claramente éso. Puedo declarar ese evangelio, pero solo el Padre puede revelarlo en usted. Hay un punto más allá al cual yo no puedo ir. Solo puedo explicar hasta cierto punto; entonces tengo que decir que el Espíritu Santo es El que revelará esto.

Eso es que el oro representa, una comprensión celestial. Representa a Cristo mismo. El es el candelero perfecto; El es el pan perfecto; El es la alabanza perfecta, y El es el altar de incienso perfecto. La gran comprensión que llega en el tiempo de Su sepultura es esta: ya no yo, pero Cristo. Esto es lo que resume todo. Ya no yo, pero Cristo. Piensen en eso. Ya lo han oído esa escritura. Escuchen bien. Para Pablo eso no era una escritura; era una realidad. Era una comprensión espiritual para Pablo. Lo podemos leer. Podemos decir, "Sí eso es cierto." Pero ¿es una comprensión? ¿Lo conocemos a El en esa forma? ¿Es cosa que ha trabajado en nosotros en el tiempo de la sepultura? Ya no soy yo, pero es Cristo viviendo en mí. Ese es el gran cambio que tiene que tomar lugar en mi corazón. Eso es lo que toma lugar en la sepultura. Y afecta todo. Afecta todo mi ser, todo lo que yo soy. Y lo replaza con todo lo que El es.

Por ejemplo, yo no soy un gran predicador; yo no soy un gran maestro, pero tengo un gran evangelio. Tengo una gran verdad. Esa verdad es Cristo. No es mi enseñanza ni mi predicación lo que los hará libres, pero es la verdad que los hará libres. Conociendo a El nos traerá de la sepultura hasta la completa resurrección. Y seremos libres, libres de cualquier otro evangelio, libres de la humanidad, libres del hombre viejo, y seremos vivos en Cristo. Así es que todas las figuras de oro finalmente representan ese Cristo.

Vamos a continuar viendo a este candelero. Representa un cambio del evangelio de enseñanzas y mandamientos hacía el evangelio que es Cristo mismo. Necesitamos entender ésto. Quiero que comprendan lo que estoy diciendo. El evangelio no es palabras, sino la Palabra viva. El evangelio no es enseñanzas pero la Persona de verdad, Cristo Sí Mismo. Vamos a comprender este evangelio por la revelación de Cristo en nosotros por el Espíritu Santo. Podemos tener ideas religiosos, pero no tenemos el evangelio. Eso es muy importante porque el evangelio es el Cristo vivo. Antes de que pueda predicar el evangelio, necesita recibir el evangelio. Antes de que pueda declarar a Cristo, El necesita ser revelado en ustedes. De eso se trata el candelero. Para todo hay un orden divino. Cristo dijo, "Yo soy el camino, la verdad, y la vida." Yo no hice ese orden; Cristo hizo ese orden.

Primero El es el camino para nosotros, Su muerte. Venimos primero por el bautismo en Su muerte. Pablo dijo, "¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en Su muerte?" Es que venimos por Su muerte, después Su sepultura, y después Su resurrección. Y el Espíritu siempre lo traerá por ese camino. Queremos conocerlo a El en Su vida, pero primero tenemos que conocerlo en Su muerte, muerto al hombre viejo, muerto al pecado, muerto al mundo. Primero El es la muerte. El es vida, pero primero es la muerte. El es el entierro. Es un tiempo de cambio. En la sepultura también hay un orden. Otra vez yo no hice este orden; Dios estableció este orden. Primero el candelero, después el pan, entonces el altar de incienso. Este es el orden de ministerio. Es así como conocemos a Cristo en Su sepultura. El primer cambio que es afectado en nosotros es sobre el evangelio.

Nunca puedo olvidar eso. Al principio cuando Dios reveló a Su Hijo en mí, había predicado por años como joven. Cuando tenía cinco años, fue bautizado en el Espíritu Santo y hablé en otras lenguas. Cuando tenía 14 años, estaba predicando en la Asamblea de Dios como un ministro a los jóvenes. Cuando tenía 18 anos, fui a la escuela bíblica. ¿Qué estoy diciendo? Había estado predicando por muchos años. ¿Qué estaba predicando? Estaba predicando lo que a mí mismo me habían enseñado. Había estado predicando un concepto de salvación, pero, les digo en este momento, yo no conocía a Cristo. Había nacido de nuevo, llenado con el Espíritu, pero no conocía el evangelio. Yo leía los epístolos de Pablo y decía, "¿Qué es ésto?" No lo entiendo, tampoco Pedro por mucho tiempo. Yo decía, "Voy a decir una historia del ciego, y voy a decir, ‘Cristo sana’." Sí, Cristo sana, pero eso no es el evangelio. Es lo que Cristo hace. Cristo salva, pero eso tampoco es el evangelio. El evangelio es mucho más que eso. Mi corazón estaba clamando por algo más. Era salvo y bautizado en el Espíritu. Era predicador, pero en mi corazón decía, "¡Dios, tiene que haber algo más que ésto!" No sabía lo que era. Leí un artículo en una revista cristiana. Fue escrito en 1800 o algo así. El título era "Después de Pentecostés, ¿Qué Sigue?" El hermano estaba declarando la revelación de Pablo de Cristo. Nunca olvidaré cuando leí ese artículo porque mi alma clamaba, "Así yo Lo quiero conocer." Esto es porque el Espíritu Santo ha venido para revelar a Cristo en mí, para conocerlo a El. Jamás voy a olvidar cuando el Padre reveló a Su Hijo en mí. Inmediatamente yo sabía algo: "yo no he estado predicando este evangelio." Había estado predicando cosas acerca de Cristo, pero mi entendimiento no había sido como este. El primer gran cambio en mi corazón fue sobre el evangelio. Fue en 1963, y el evangelio es el mismo hoy como era en ese año. Espero que haya crecido algo en el Señor, pero el evangelio no ha cambiado.

El evangelio es Cristo, Cristo revelado en nosotros. Cuando Dios revele a Su Hijo en ustedes, entonces ustedes podrán comprender la paz, el amor, el gozo, la justicia, todo. Hasta que el Hijo sea revelado en ustedes, esas cosas serán solamente éso, cosas separadas; y ustedes están tratando a llegar a ellos, pero no es posible porque ellos están en Cristo. El primer gran cambio que vendrá en sus corazones es el evangelio. El siguiente gran cambio que vendrá será el comprender de qué es el cuerpo de Cristo; la siguiente comprensión es sobre la oración y la alabanza. ¿Es alabanza y oración algo que hacemos o la manera en que vivimos? Nosotros alabamos y oramos, pero la alabanza y oración más perfecta no es lo que hacemos, sino es lo que vivimos. Vivimos como un olor grato para el Señor. Vamos a llegar a eso un poco más tarde.

Aquí está el orden del candelero. Gálatas 1:15-16, "Pero cuanto agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por Su gracia, revelar a Su Hijo en mí, para que yo Le predicase entre los gentiles, no consulté en seguida con carne y sangre..." ¿Qué es lo que está diciendo Pablo? Está diciendo esto: "Dios me apartó del vientre de mi madre." Puede ver eso en dos maneras, la manera espiritual y la manera natural. Dios levantó a Pablo por un propósito. Pablo vió, "el mismo Dios que me apartó desde el vientre de mi madre me llamó por Su gracia." También puede ver en un sentido espiritual. La religión judía fue la madre de Pablo. El mencionó eso en alguna parte. Pablo fue separado del vientre de esa religión judía. La sepultura es un tiempo de separación del viejo de nuevo y de lo natural del espiritual.

Algunas veces esa separación es dolorosa. Yo he sufrido un poco de esa separación. "No vayan a escucharlo a él porque solo habla acerca de Cristo. El cree que es la única persona que conoce a Cristo." Pero no creo que soy la única persona que conoce a Cristo. Pero yo deseo que todos conozcan a Cristo como yo Lo conozco. Quisiera conocerlo como el Espíritu quiere que Lo conozca. Yo no soy el único que tiene el evangelio, pero, les digo, hay solamente UN evangelio. Hay una separación que viene. Pablo sufrió esta separación. Mucha gente en Jerusalén fue separada de él porque él no predicaba la circuncisión. No predicaba las cosas relatas a la ley. El dijo, "Cristo es nuestra circuncisión; Cristo es nuestra justicia." ¡Aleluya! Eso molestó a algunos en Jerusalén, Santiago y Pedro y unos de los ancianos. Pablo aun tenía que ir a Jerusalén y hablar con ellos. Aún así estaban molestos. Pedro fue con Pablo una vez. Estaban con algunos gentiles. Pablo les dijo, "Ustedes no son gentiles ni judíos; todos son uno en Cristo." Esos gentiles lo aceptaban. Pedro estaba con ellos, comiendo con ellos. Estaba sentado a la misma mesa como gentiles, un judío comiendo con gentiles. Esa era el entendemiento de Pedro. No era el entendemiento de Pablo. Pablo no veía a ni judío ni gentil; veía a Cristo. Algunos judíos bajaron de Jerusalén. Pedro los vio y dijo, "O, O." Levantó y dejó la mesa. Pablo lo reprendió, "¿Qué estás haciendo? Dice que no crees en la ley que Cristo es su vida. ¿Por qué quisieras que los gentiles creeren en la ley? Porque estás haciendo una división? No hay división en Cristo."

Esa era el entendemiento de Pablo; le apartó desde el vientre de su madre. Muchos de nosotros no queremos dejar el vientre de nuestra madre. Estoy hablando espiritualmente. No queremos sufrir la persecución; no queremos sufrir esa separación. Ustedes no se separan por sí mismos. "Dios me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por Su gracia..." Dios hace así. ¿Por qué? ¿Por qué me separó? ¿Por qué me llamó por Su gracia? Hay una razón, para revelar a Su Hijo en mí. Cuando yo lo leí, tuve que decir, "Dios mío, no conozco a Tu Hijo en esa manera. Revela a Tu Hijo en mí." "...agradó a Dios...revelar a Su Hijo en mí." ¿Para qué? "...para que Yo Le predicase..." "...para que Yo Le predicase...," no que El existe, pero "...para que Yo Le predicase...," no sobre El, pero "...para que Yo Le predicase..." Esa es la diferencia. Tuve que enfrentar esa diferencia. Nadie me enseñó esa diferencia. Tuve que enfrentarla. Tuvo que estar firmado en mi corazón. Aún está firmado en mi corazón hasta este día. Y hasta esta hora mi oración es, "¡Padre, revela a Tu Hijo en mí!" Primero, para predicarle a El; tu evangelio es afectado. Segundo, Padre, revela a Tu hijo en mí (Filipenses 3:10) "...a fin de conocerle, y el poder de Su resurrección, y la participación de Sus padecimientos, llegando a ser semejante a El en Su muerte..." Padre, revela a Tu Hijo en mí no solo para predicarlo. Eso es primero, pero ahora para conocerlo. Yo quiero conocerlo. Si alguien me cortara la lengua y ya no podría predicar, si me cortaran las manos y ya no podría escribir, si cegara mis ojos para que ya no viera; aún ya sí quiero conocerlo. ¡Aleluya! Yo quiero llegar a ser semejante a El en Su muerte. Este deseo debe estar en nuestros corazones. No solo para predicarlo o enseñar, pero para conocerlo; Es para satisfacer mi alma. Yo deseo esa relación.

Esto es el orden del candelero. Este candelero habla sobre ésto. Número tres, Apocalipsis 1:12-18. Vamos a leer algunos versículos. "Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro, y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro. (Versículo 17) Cuando le vi, caí como muerto a Sus pies. Y El puso Su diestra sobre mí, diciéndome: No temas;Yo soy el primero y el último..." Padre, revela Tu Hijo en mí para que yo pueda verlo a El en Su gloria. Juan está describiendo a Cristo en Su gloria. ¿Dónde está El en Su gloria? Está en tí; está en el medio de la iglesia. La iglesia que está descrita aquí no es una iglesia terrenal. Hay candeleros de oro. Hay siete de ellos. Esta es la iglesia completa. Siete quiere decir finalización espiritual. Es la iglesia completa espiritualmente. No son de madera; son de oro. Hay siete candeleros de oro, la iglesia totalmente completa. ¿Qué es lo que hace la iglesia completa? ¿Por qué es la iglesia completa? Para el Uno quien está en medio de ellos. El es lo que hace completa la iglesia. Tenemos aquí una lámina de lo que Dios quiere para la iglesia. Dios quiere una iglesia donde Su Hijo se haya revelado completamente. Dios quiere que la iglesia sea donde El muestra Su gloria en la tierra. ¿Comprenden ésto?

Revela a Tu Hijo en mí para que pueda predicarlo. Revela a Tu Hijo en mí para que yo pueda conocerlo, ser semejante a El. Revela a Tu Hijo en mí para que yo pueda verlo en Su gloria. Cristo en usted, la esperanza de gloria. Escúchenme. Lo que espera la iglesia debe ser eso: para verlo a El en Su gloria, para manifestar la gloria de Dios en toda la tierra. ¡Aleluya! De todo esto los candeleros de oro están hablando. Se completa en esta relación con Dios viviente. Para conocerlo en Su sepultura. Cambiamos de un evangelio de palabras a un evangelio de una persona. Dios revela a Su Hijo en nosotros. El se convierte en nuestro evangelio. Lo conocemos como nuestra vida, y Lo vemos en Su gloria.

Después están la mesa de pan y el altar de incienso. No hablamos de ellos específicamente excepto para mencionar esto. Pueden leer esto en Éxodo 39:36, Números 4:7, I de los Reyes 40:68, y también en Levítico. Quiero que noten una cosa: todo tiene un orden específico. El orden del pan era dos líneas con seis panes en cada línea, 12 en todo, dos líneas de seis, los judíos y los gentiles. ¿Dónde está completa la mesa? Aquí representa un cambio, una transición. ¿Dónde está completa? En el arca del pacto. Vamos a platicar de ello en la mañana. Porque ya no somos dos líneas de seis. Seis habla de la humanidad, de los judíos y los gentiles, pero en Cristo ya no somos dos líneas de seis. Ya no somos judíos o gentiles. Pablo dice, "Ustedes son un solo pan." Tenemos que venir de la idea de judío y gentil a la realización de Cristo en nosotros, UN cuerpo viviente para alimentar el mundo, un solo pan para alimentar el mundo entero. ¿Entendemos éso?

Después hay esta mesa, un altar de oro. Es el segundo altar. El primer altar es de bronce, Su muerte. El segundo es de oro; el tercero es el arca del pacto. También es un altar. Se puso sangre en él. Este es el segundo altar. Es un altar de incienso. Representa a un Hijo viviendo en la tierra no como muchos, sino como un solo Hijo. No solo viviendo como UN cuerpo, solamente viviendo como UN Hijo con un Padre. ¡Esta es una realización! Para darnos cuenta de que somos un cuerpo es algo grande, saber que no somos blancos o morenos, pero que Cristo es todo y en todo. ¡Es una realización de liberación! Pero ahora, el último mueble en este cuadro. Tenemos que venir aquí también. Tenemos que conocer a Cristo como esa pieza de mueble. Esa pieza representa a un Hijo, un sabor. No representa a muchos. Vea el incienso. El incienso que es utilizado aquí estaba hecho de muchas partes, diferentes especias, pero no son puestos en su forma individual; son golpeados; son maltratados; son mezclados juntos; pierden su forma; pierden su identidad; y se convierten en uno solo, dando un solo olor. De muchos viene un solo Hijo. Esta es la comprensión a la que tenemos que llegar. Eso nos prepara para conocerlo en Su resurrección donde es El solamente quien vive. Gloria a Dios.

Lo que quiero que vean es que no estamos solo enseñando sobre muebles; quiero que veamos la realidad de esas: del candelero, tenemos que llegar a la revelación de Cristo; la mesa del pan, tenemos que comprender que somos un cuerpo; el altar de incienso, tenemos que comprender que somos un solo Hijo. ¿Cómo se puede llegar a éso? Por el Espíritu de Dios obrando en usted y en mí Su sepultura. Un versículo más, 2 Corintios 2:14 un Hijo, un sabor. "Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de Su conocimiento." Un olor en todos lugares es el altar de incienso; no es el sabor de mí o de usted; es el sabor de El. ¡Bendito sea el Cordero de Dios! Estoy agradecido por Cristo hoy. Quiero que sepan cuanto apreciamos la oportunidad que ustedes nos dan de estar aquí y compartir con ustedes durante estos días. Nuestra oración es que resulte en un incremento de Cristo aquí y de aquí a toda la tierra. Que Dios les bendiga.

 

Conciéndolo a El en Su Resurrección

Filipenses 3:9-11. Esta mañana vamos a tratar con conociéndolo a El en Su resurrección. "...y ser hallado en El, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe: a fin de conocerle, y el poder de Su resurrección, y la participación de Sus padecimientos, llegando a ser semejante a El en Su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos." Estamos usando este diagrama del tabernáculo. Los tres cámaras representan Su muerte. Esta es la palabra a que quiero dar énfasis esta mañana, la palabra "en." En el griego quiere decir "estar incluído en." Por ejemplo, podemos decir que nosotros estamos en este templo, pero según el término "en" de la Bíblia no es así. Las únicas cosas que están "en" este templo son los materiales, los materiales incluídos en la construcción de este templo. Entonces así toman parte del este edificio. Al rato usted y yo saldremos, pero aquellas cosas que están "en" este templo no saldrán. Este es el significado de "en" en versículo nueve de nuestro texto. Dice, "ser hallado en Cristo," incluído en El, no móvil, establecido como ser uno con El. Este tabernáculo representa a usted y yo siendo en Cristo, incluídos en Cristo. Ayer les expliqué que todo Israel estaba incluído en el ministerio de los sacerdotes. ¿De qué estamos hablando estos días? ¿Dónde comenzamos? En Juan 14 "en la casa de Mi Padre." Eso no es un lugar donde visitamos, sino es algo que nosotros nos hacemos, "en la casa de Mi Padre." Y luego comenzamos a ver que Cristo es el camino, la verdad, y la vida; y nosotros participamos en eso porque estamos en la casa del Padre. Cristo es aquel camino, verdad, y vida. Venimos por El; Lo aprendemos a El; vivimos en El. Pablo por eso dice, "...ser hallado en El." ¿Qué significa? Significa ser hallado en Su muerte y también en Su sepultura y también estar viviendo en Su resurrección. Esta mañana estamos mirando esta cámara que representa Su resurrección.

Mateo 16:13-15, "Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a Sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy Yo?" Esta mañana hemos llegado a esa mera pregunta. No importa que dice el mundo quien es Cristo, pero es de suma importancia que usted y yo sepamos quien es El. Conociéndolo a El incluye conocer quien es, no leer escritura o cantando un canto; nadie puede conocerlo excepto que el Espíritu Santo se Lo revela. Es preciso que tengamos este conocimiento. "Pues, yo sé que dice la Bíblia," pero tú, ¿qué dices? "Ya sé lo que predica tal hermano," pero, ¿quién dices tú que soy Yo? Conociéndolo a El. "Pues, una vez leí un libro; mi maestro de la escuela bíblica dijo...," pero, ¿quién dices tú que soy Yo? Esa es la cuestión esta mañana.

Conociéndolo a El como el Cristo, Yo les digo que solo un Cristo hay. Esa palabra no tiene pluralidad; es singular. No hay muchos Cristos; solo uno hay. Pues, decimos, "Bien, es fácil eso." Sí debe ser muy claro, pero Cristo dice que el tiempo de tribulación es que muchos vendrán diciendo, "Aquí está Cristo; allá esta Cristo." Dice Cristo que habrá un tiempo en que muchos dicen que hay muchos Cristos. Pero solo hay un Cristo. Primero, la palabra "Cristo" significa el ungido de Dios; segundo, quiere decir la unción de Dios, el ungido y la unción. Versículos 16-17, "Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino Mi Padre que está en los cielos." Nadie puede conocerlo como el Cristo excepto por el Espíritu Santo. No puede solo leer éso; El tiene que ser revelado en usted.

Recuerden lo que estamos diciendo: conociéndolo a El en Su muerte. Sí, tenemos que conocerlo en Su muerte. Eso tiene su obra en nosotros. El hombre viejo muere. Eso es el principio de la sabiduría; es el principio del juicio. ¿Entienden por qué? Este es un altar de bronce. En la Bíblia bronce significa el juicio de Dios. Pero no solo éso, es un altar de fuego. Fuego representa la purificación y la limpieza del juicio de Dios. Si uno junta bronce y fuego, tiene el juicio de Dios. Tiene el juico de Dios donde el hombre viejo es juzgado y acabado y otro nuevo es viviente. Hay una purificación en este juicio. Se acaba uno y otro surge. Esto es el juicio que es Cristo. Estos altares también representan juico; todo es uno. Pero comienza como un juicio purgando y limpiando. Eso es lo que representan el bronce y el fuego. Nuestro Dios es un fuego cunsumidor. Pedro dice, "Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios..." El habla de este juicio en este altar. Es aquí donde comienza nuestro caminar. Comienza en juicio, una separación del viejo y nuevo, una consumación del antiguo para que se quede el nuevo. Conociéndolo a El en Su muerte y luego conociéndolo a El en Su sepultura. Ahora aquí hay otra comprensión de El: conociéndolo como el Cristo el ungido de Dios, El que vive. ¡El que vive! Aquí en el lugar santiísimo solo hay uno que vive. Solo uno aquí vive, y todo lo que está aquí, por El vive.

El arca del pacto nos muestra esto. Dos palabras: "arca" y "pacto." El arca era aquella caja. Aquella caja era hecho de madera luego cubierto con oro. Había algo adentro; un testimonio estaba en ello. El arca contenía el testimonio. El arca representa al pueblo reunido en Cristo. Es así. La palabra "arca"en hebreo significa bien compuesto. No es algo sin plan o órden, sino que tiene que ser bien formulado y coordinado. Voy a leer Efesios 2:20-22, "...edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu." Eso es el arca. Eso no es un montón de pedazos de madera, sino bien coordinado, bien construído. ¿Para qué? Para la habitación de Dios. ¿Qué había en esta caja? Representaba a Cristo; representaba a Dios. Estaban allá los mandamientos, el pan, y la vara de Aarón. Estos representan a Cristo, pero más que eso representan un testimonio vivo. Esto se llama el arca del testimonio.

Ustedes son el arca del testimonio. ¡Hay un testimonio en ustedes! ¡El está allí para ser revelado.! El está allí para ser manifestado. Primeramente vemos el arca como esta caja, pero es el arca del pacto. En hebreo, "pacto" significa un entendimiento dado de Dios. Es un entendimiento por lo cual dos caminan como uno. ¿Cómo somos todos coordinados? ¿Cómo estamos bien construídos como una caja, un arca? Estamos coordinados por el entendimiento, por el pacto. Estamos coordinados por el conocimiento del Señor, teniendo una mente y un juicio. Eso es lo que representa el arca del pacto. El arca representa un pueblo reunido en uno en el conocimiento del Señor.

Por eso digo, aquí solo uno vive, y todo lo que hay aquí por El vive. El arca del pacto representa eso porque hay un otro aspecto más del arca: la gloria de Dios. Descendía a ese arca la gloria de Dios. La gloria de Dios dio luz y vida al arca. La gloria de Dios dio significado al arca. La gloria de Dios es Cristo en vosotros, pero no solo Cristo EN vosotros, más preciso, Cristo revelado en vosotros. ¿Qué dice Pablo? "Cristo en vosotros la esperanza de la gloria." Miremos a esta cámara. Está totalmente oscura todo el año. Siempre está presente el arca; no se quita de allí. Esta allí pero todo en oscuridad esperando en expectación el momento en que entra la gloria de Dios y llena todo de luz. La luz da significado a todo. La expectación se cumplió; entró el sacerdote; se reveló la gloria de dios. Lo esperado ha venido. ¡Cristo revelado en usted!

Debemos tener esa expectación cada vez que abremos esta Bíblia. Debemos estar llenos de esa expectación. Cada vez que abrimos este Libro, debemos hacerlo esperando la gloria de Dios. ¡Gloria a Dios! ¡En esperanza de la gloria! Nunca debemos llegar aquí solo para construir un sermón o para obtener una enseñanza. Aquí vamos esperando la gloria de Dios. Luego declaramos el testimonio que hemos visto. El arca del testimonio. Cuando en usted es revelado el testimonio, luego usted comparte el testimonio. Lo comparte en palabras, pero comparte en obras también. No es solo un sermón, sino la palabra viva de Dios. Todo este arca, que representa un pueblo reunido en Cristo, permanece siempre en la esperanza de la gloria. Así tiene que ser. Cuando nos reunimos, tenemos que hacerlo en esperando la gloria de Dios nunca para solo cantar o predicar algún sermón. Debería ser mucho más que eso. Lo que debemos esperar es la gloria de Dios. Nuestra expectación esta mañana es que Dios revele a Su Hijo, que esta mañana lo veamos a El. Todas veces en que se reune la iglesia debe esperar la gloria. ¡Aleluya! Les digo algo. Toda vez que dos o tres se reunen también debe ser en esperar la gloria de Dios, dos caminando en el esperar de la gloria de Dios. Es una manera de vivir. Y es así siempre con el arca del pacto. Siempre es en la esperanza de la gloria.

Mateo 16:18, "Y Yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré Mi iglesia ; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Pedro dice, "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente." Tú eres el ungido y la unción. La unción no es un sentir, sino es una persona. Escuchen bien. Debemos tomar cuidado sobre lo que decimos es la unción. Cuando nombramos a alguna cosa como unción, lo estamos nombrando Cristo. Toda mi vida he escuchado sobre la unción, que la unción cayó a alguien o como vino la unción o como "sentí la unción," pero la unción es una persona. No se puede separar el ungido de la unción; es Uno; es Cristo, y el Cristo es Uno. Entonces, ¿qué es la unción? ¿Cómo se relaciona el ungido a nosotros? Es preciso que Lo conozcamos a El como el ungido, el Cristo. La unción se cumple en la persona de Cristo mismo. ¿Qué es la unción? Es ésto: el poder de Su resurrección. No lo digo esto ligeramente. Veamos esto, y veremos que la unción es el poder de la resurrección. ¿Cómo es? Porque el ungido es la resurrección. El Cristo dice, "Yo soy la resurrección; Yo soy la vida." El no habla de esa manera de Su muerte o Su sepultura pero sí de Su resurrección. La unción no está ni allá no acá, sino aquí en el lugar santísimo. Es el poder de Su resurrección.

Tenemos que tomar cuidado con lo que decimos es la unción. ¿Por qué? Hay tres razones. Número uno, Cristo dijo que vendrían muchos como profetas falsos diciendo que son el ungido. Pero la unción no es alguien o un sentimiento; es Cristo mismo. Número dos, la Bíblia dice que la unción destruye el yugo. Un sentimiento no puede hacerlo. No hay ninguna experencia que puede destruir el yugo. ¿Sabe qué es aquel yugo? ¿Sabe lo qué dice la Bíblia que es el yugo? La Bíblia dice que el yugo es atadura humana. ¿Qué significa eso? Es esclavitud de la humanidad. Por ejemplo, ¿recuerdan la historia de Lázaro? Lázaro tipifica la muerte, sepultura, y resurrección de Cristo. El oyó la voz del Señor, "¡Lázaro, ven fuera!" El ungido fue El que le habló. La unción que lo levantó. ¡Aleluya! El poder de la resurrección destruyó el yugo. ¿Qué dijo Cristo? Cristo dijo, "Desatadle, dejadle ir." ¿Desatadle de qué? Estaba atado de los lienzos de la sepultura. Los lienzos representan la humanidad, griegos, judíos, negros, blancos, toda la humanidad. Es aquello que aquí muere. Estaba atado de esos lienzos todavía. La unción destruyó el yugo. "Desatadle, dejadle ir." La unción destruye las ataduras de ser humano. Por la unción entendemos que Cristo es nuestra vida. Esa es la tercera cosa. La Bíblia dice que la unción que está en usted les enseñará todas cosas. Les enseñara a Cristo. Es porque es extrememente importante que cuidemos lo que decimos es la unción. Yo he visto a muchos creyentes viniendo para oración, y alguien les ora, y reciben algo, un sentimiento. Ese sentir puede ser de Dios, pero no es la unción. Pero alguien dice, "Es la unción sobre tí." Entonces su vida debe ser cambiada; debe estar completamente libre de la humanidad; debe saber todo, pero no es así. ¿Entienden? Viene el sentir y se va. Quizás ha recibido algo del Señor pero no la unción. La unción está en ustedes. La unción es Cristo

Bien, la unción es el poder de Su resurrección. Primeramente, la unción es el poder de Su resurrección obrando en El. Es importante eso. Quiero que vean que la unción no es algo que El les da, sino la unción es la persona de Cristo. El poder de la resurrección obra primero en Cristo. Efesios 2:4-7, "Pero Dios, que es rico en misericordia, por Su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con El nos resucitó, y a sí mismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de Su gracia en Su bondad para con nosotros en Cristo Jesús." Y ahora Colosenses 1:26-29, "...el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a Sus santos..." Aun el misterio, ¿por qué es misterio? Porque está escondido. Hasta no sea revelado la gloria de Dios, el arca del pacto es escondido. Está en oscuridad. Si podría entrar allí, no lo miraría. Está oscuro, escondido, esperando ser revelado. Esa relación suya con Cristo es un misterio que no pueda ser revelado más que por el Espíritu Santo. Este ojo no puede verlo; esta mente y este corazón no lo puede comprender. Es un misterio. Es preciso que sea revelado. "...pero que ahora ha sido manifestado a Sus santos..." Ha venido el tiempo que Cristo sea revelado y que el misterio sea revelado. El misterio de Su resurrección no es solamente que El vive, pero en Su pueblo vive, y ese pueblo por El vive. ¡Aleluya! ¡El misterio está descubierto! ¡Qué misterio tan grande! Gloria a Dios.

Versículo 27, "...a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria..." En la segunda sesión esta mañana vamos a tratar sobre la gloria. Versículo 28, "...a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre..." Ahora llegamos a este versículo que queremos. El poder de Su resurrección, el ungido obrando en usted aquello que es la unción. Versículo 29, "...para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de El, la cual actúa poderosamente en mí." Pablo dice, "predicamos; ministramos; trabajamos; pero todas las cosas hacemos "según la potencia de El, la cual actúa poderosamente en mí." Eso es la unción. Eso es el poder de Su resurrección. Por eso Pablo puede decir, "No soy yo, más Cristo que vive en mí." Por eso Pablo dice, "no predicamos a nosotros, sino a Cristo."

Conociéndolo a El en el poder de Su resurrección. Pedro dijo, "Tú eres el Cristo, el Hijo." Mientras miraba eso en esta mañana, se hizo más importante este vocablo. Cuando Cristo le pregunta, "¿Y vosotros, ¿quién decís que soy Yo?" La unción no es algo obrando en usted; la unción es el Hijo de Dios obrando en usted. Piensen en eso. Me dijo el Señor, "Piensa en eso." Nos emocionamos, pero eso no es la unción. No hay nada mal en eso. Podemos sentir algo grande, una gran experiencia, pero eso no es la unción. La unción es el Hijo de Dios en usted; más bien es el Hijo de Dios revelado en usted. No es ALGO revelado; no es una nueva verdad solamente; la unción es una persona, Dios revelando en usted a Su Hijo, Dios revelando en usted a Su Hijo como el Cristo. ¿Qué dijo Cristo? "...sobre esta roca (esta revelación, por esta unción) edificaré Mi iglesia...," no por algo menor. Escúchenme bien. No puede edificar una iglesia de algo que no es Cristo. La reunión debe ser hacía El. La palabra "edificar" no significa construcción. En el griego significa traer a la terminación. "¿Cómo traeré a Mi iglesia a la plenitud? Por esta revelación, Cristo en vosotros." En el conocimiento de Cristo la iglesia se madura. El es la fundación, y El es la plenitud del todo del edificio. Sobre esta roca. A veces nosotros probamos diversas piedras, pero solo hay una roca. Solo hay una para traer la iglesia a la plenitud. Es contra esa iglesia que no prevalecerán las puertas del Hades porque esa iglesia vive en la unción y porque esa iglesia vive por el ungido. El poder de Su resurrección

 

Cristo, la Resurrección, en Nostros y Nosotros en El

Leamos en Filipenses capítulo 3. Conociéndolo a El en el poder de Su resurrección. Quiero que piensen en eso un momento. No es solo saber que El resucitó; no es solo creer que El es la resurrección; sino es conociéndolo a El en el poder de Su resurrección, el poder de Su resurrección, la unción obrando en usted, Cristo obrando poderosamente en usted, el poder de Su resurrección. En Efesios y también aquí en Filipenses vemos esa palabra "poder." En Efesios dice que sepamos el "...poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de Su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos..." Aquí Pablo dice,"Quiero conocerlo en el poder de Su resurrección." En la última sesión tratamos sobre el poder de Su resurrección, la obra de Cristo en usted. ¿Cómo obra Cristo en usted? Por Su poderoso Espíritu. Es el Espíritu obrando en usted revelando al ungido de Dios, revelando al Hijo como el Cristo. Es importante eso porque ya el Espíritu Lo ha sido revelando a nosotros como Su muerte. Estamos muertos con El al pecado, al mundo, y a las nacionalidades. Y luego el Espíritu obra en nosotros Su sepultura. Ahora, el Espíritu está obrando en nosotros la realización de Su resurrección revelando a El como el ungido Y Cristo trabajando en nosotros como la unción. El poder de Su resurrección; eso es la unción. Eso es Cristo siendo revelado en usted como Cristo, siendo revelado en usted como el ungido de Dios a quien Dios ha levantado y quien vive en usted.

Filipenses 3:9, "...y ser hallado en El, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe." Estamos regresando al punto que hice antes. "...y ser hallado en El." Todo lo que estamos hablando en estos días se relaciona a "...ser hallado en El," Morando en Cristo, la vida como es en Cristo, viendo la verdad en Cristo, dándonos cuenta que estamos presentemente en Cristo. Realmente son pocos los creyentes que en verdad comprenden lo que es estar en Cristo. Nos miramos lejanos del Señor. Por ejemplo, muchos de ustedes sienten frío esta mañana, y ustedes están relacionándose a esa condición. ¿No es así? Están relacionándose a los elementos. Y si, es cierto; hace frío. Pero nos relacionamos a los elementos. Ustedes lo dicen así, "Tengo frío." Aquí esta el punto. Usted no dice, "Aquí hay frío en esta casa," sino "Yo tengo frío." Sí, aquí hace frío, pero yo tengo frío. Yo tengo calor; yo estoy mojado; yo tengo hambre; yo tengo sed. Nos relacionamos a las condiciones, pero ¿cuántos de ustedes se relacionan a Cristo en esa misma manera? Hasta más, yo estoy en Cristo.

Amigos, antes de estar en este cuarto, estoy en Cristo. Antes de estar en México, estoy en Cristo. Sí, estoy aquí en este templo, pero estoy aquí mientras estoy en Cristo. No quiero ser hallado en este templo; quiero ser hallado en Cristo. No quiero ser hallado con frío; quiero ser hallado en Cristo. No quiero ser hallado con calor; quiero ser hallado en Cristo. ¿Por qué? No dije que no me da frío o calor, pero si hay algo que me motive, quiero que Cristo lo haga. No vine aquí porque hace frío o calor; vine porque estoy en Cristo. Hoy hace frío; mañana hará calor. El año pasado en julio la tempuratura aquí era 110 F. Yo estaba deseando una mañana como hoy. Pero haga calor o frío, estoy en Cristo. ¿A qué cosas nos relacionamos las 24 horas del día? Cuál es nuestro primer pensamiento? La mayoría del tiempo nos relacionamos a los elementos, lugares, condiciones. Eso es peligroso porque muchas veces no le gusta el lugar. O tal vez le gusta mucho el lugar. Uno tanto otro es mal. "No me gusta aquí así es que me voy; aquí me gusta; no quiero ir a otra parte. El uno es tan mal como el otro. Pero si estoy en Cristo, no importa el lugar, y Dios puede usarme donde estoy. ¿Entienden lo que digo? La verdad es que pocos son los creyentes que comprenden lo que es estar en Cristo.

Yo estuve en la India en 1969. Estuve en la parte sur de la India en la selva. No había electricidad o agua corriente. Estuve allí para construír una escuela. La única casa era una de bloque y techo de estaño. Yo tuve un cuartito como dos metros por dos y media. Tenía una ventana y una puerta. La ventana tenía un postigo. Si abría la ventana, entraban los mosquitos. Si cerraba los postigos, uno se muría de calor. Era tiempo de las lluvias. Esto si pasó. Cada media hora venía la lluvia por las hojas de los árboles. Al caer la lluvia al calor de la tierra, se levantaba en vapor. Toda mi ropa se ponía blanca con moho. Hacía calor y vapor. Yo estaba solo excepto por la gente India. Entraba en ese cuarto; abría la ventana; y los niños llenaban aquella ventana con sus caritas mirándome. La puerta era una media puerta. Abría la parte de arriba, y aquí también se llenaban con caras mirándome. Antes de llegar allí, he ido a otros países. Ya tenía dos meses en viajar. Estaba bien cansado. "Aquí estoy en esta selva; mi ropa tiene moho." Entonces quité mi ropa americana, y me puse una sábana como un pañal.

Despues de algunos días, me rendí. Le dije a aquel hermano aquí, T.J Joseph, "Tengo que orar." Fui en el cuartito; cerré la puerta y el postigo. Estaba oscuro porque no había electricidad; así es que prendí una pequeña vela y hacía más calor, pero necesitaba ver la Bíblia. Me acosté en el piso de concreto. Abrí mi Bíblia; prendí mi vela, y comencé a clamar a Dios, "¡Dios, sácame de este lugar!" Yo lo dije con todo mi corazón. "Aquí hace calor, y huele feo; sácame de aquí, Señor." Eso es lo que oraba. Por horas estaba orando así. Cayó la noche y todavía clamaba, "¡Sácame de aquí!" Yo quería salir. Yo me estaba relacionando con las condiciones, con el lugar, con el idioma, y con el pueblo. Yo quería irme. Muy tarde en la noche, estaba fatigado completamente cubierto con lágrimas y sudor. Sin duda me aparece horible, y así me sentía también. Esa era una condición real. Me fatigaba y así me postraba. Se acabó mi vela. Esa vela estaba acabada y también esta vela (yo) estaba acabada. Así estaba yo.

Luego el Señor comenzó a mover adentro de mí. El Espíritu de Dios comenzó a mover. A fin me callé. El Señor comenzó a hablar en mí. La unción comenzó a hablarme. El Señor me preguntó, "¿Dónde estás?" Mi primer pensamiento fue esto, "Dios, Tú sabes, estoy aquí en este lugar, en esta selva." Eso fue mi pensamiento, pero antes de podía decirlo, el Espíritu me habló. Comencé a llorar, "O, Dios, yo estoy en Cristo." El Espíritu de Dios me dijo así, "¿Quisieras que Yo te quitara de este lugar?" Por muchas horas había estar clamando, "¡Sácame de este lugar!" Eso fue lo que me dijo el Espíritu. "¿Quieres que me quite de ese lugar?" Eso afectaba mi corazón. Comencé a llorar, "¡No! estoy en Cristo; no me saques de este lugar." Dejé de relacionarme a las condiciones. De ese día y adelante no he relacionado a las condiciones. Salí la próxima mañana. Ya estaba ansioso para que viniera el día. Todavía hacía calor; todavía había vapor; pero no me importaba. Junté a muchos de los niños y a los jóvenes. Comencé a dibujar un círculo en la tierra. Hoy mismo dibujo ese mismo círculo para decir, "Estamos en Cristo." No estamos en la India; estamos en Cristo. Les digo esta mañana, "No están en Mexico; están aquí en el lugar Santísimo." ¡Están en Cristo! ¡Aleluya! Sí, podemos tener frío o calor; por eso nos ponemos la ropa; pero estamos en Cristo. Eso es donde nos relacionamos.

Conociéndolo a El en el poder de Su resurrección. No pueden llegar a comprender el poder de Su resurrección hasta que no nos demos cuenta de estar en Cristo. El no está lejos. Estoy en El, y El está en mí. Eso es versículo 9. Y es donde tenemos que ser hallados. De todos los lugares en que Pablo podía ser hallado, en la carcel, en una casa de un amigo, en una sinogoga, en un naufragio, en una cuidad, en todos lugares, pero fue hallado en El. Donde estemos, allí ser hallados en El. Es preciso que sea así con nosotros. Si no es así, no vamos a durar. Las condiciones nos vencerán.

En versículo 10 hay un orden que quiero que vean. Podríamos llamarlo el orden de la resurrección. Es que es esto, el orden de la resurrección; el camino, la verdad, y la vida; Su muerte, Su sepultura, y Su resurrección. Es un conocimiento de El siempre creciendo. Pero hay un orden cierto. "...a fin de conocerle, y el poder de Su resurrección, y la participación de Sus padecimientos, llegando a ser semejante a El en Su muerte..." Aquí está el orden. En este versículo no parece así, pero en la escritura original entendemos que esto es el orden de este versículo. Las palabras "...llegando a ser semejante a El en Su muerte..." Las palabras "llegando a ser" significan un estado de ser, siempre hecho semejante a Su muerte. Siempre un juicio está obrando en mí. Ese juicio es esto: soy crucificado con Cristo, llegando a ser semejante a Su muerte. Es el primer altar. "...la participación de Sus padecimientos, ... conocerle (a El) ... y la participación de Sus padecimientos..." habla de Su sepultura.

Hablemos de eso un momento. Versículos 7 y 8, "Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo..." Bien, Pablo no habla solo de padecimientos, sino Sus padecimientos. Hay una gran diferencia. No solo la muerte, sino Su muerte. No solo sepultura, sino Su sepultura. No solo vida, sino Su vida, El viviendo en mí. Sus padecimientos, no solo padecimientos. De hecho, Pablo dice, "...las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse." No es cualquier padecimiento o tribulación. No hay compañerismo en ellos. Pero Pablo dice, "...las aflicciones del tiempo presente no son comparables..." pero si hay padecimiento en lo cual encontramos el compañerismo. "...estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús..."

¿Recuerdan este lugar y las tres piezas de mueble? Los sufrimientos del evangelio. "...estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús..." En aquellos que así estiman todas las cosas, hay un gran compañerismo, la participación de Sus padecimientos, los sufrimientos del evangelio, los padecimientos de no conocer nada más que El. Allí sí hay compañerismo y participación en el amor de Dios. Es una manera de vivir. La participación de Sus padecimientos habla de una manera de vida, los padecimientos de ser Su cuerpo. ¿Qué significa "como pérdida"? Es que cualquier cosa como ser mejicano o norteamericano o judío o gentil es "como pérdida." En eso sí hay compañerismo. ¿Acaso nuestro compañerismo está basado en ser norteamericano o mejicano? No, tenemos compañerismo porque NO nos vemos así. Somos un cuerpo. Eso es la participación de sus padecimientos. Sufrimos la pérdida de nacionalidad y raza y prejuicio en la realización de Cristo, y vivimos como un cuerpo. Eso es la participación de Sus padecimientos.

En el altar de incienso se mezclan las diferentes especias. Nosotros perdemos nuestra identidad propia y nuestra individualidad para que se vea un solo Hijo, la fragancia de Cristo. Esto es la participación de Sus padecimientos. No hay compañerismo cuando yo quiero ser yo, y usted quiere ser usted. Allí no hay compañerismo. Pero en el conocimiento de Su vida hay una fragancia. El nos muele a que ya no dejamos ni forma, y nos reune en Cristo Jesús. Sufrimos la pérdida, y Cristo es expresado. Esto es la participación de Sus padecimientos. Es necesario en el conocer de El en el poder de Su resurrección. Eso es el orden de ese versículo. Siempre "...llegando a ser semejante a El en Su muerte...", siempre comprendiendo, "Estoy crucificado con Cristo," siempre viviendo en "...la participación de Sus padecimientos...", siempre estimando "...todas las cosas como pérdida (...cosas que eran para mí ganancia...) " Pablo era un fariseo de los fariseos, un judío de los judíos, pero sufrió el pérdida para ser nada para que Cristo sea todo, la fragrancia de Dios. Esto es nuestra participación que nos trae a conocerlo a El en el poder de Su resurrección. Si no soy yo quien vive, ¿quién es? Si no somos nosotros quienes vivimos, ¿quiénes son? Es Cristo quien vive. Conociéndolo a El en el poder de Su resurrección. ¡Aleluya! vivamos a diaro con el conocimiento de Cristo.

Romanos capítulo 8:17-18, "Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con El, para que juntamente con El seamos glorificados. (escuchen muy bien.) Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse." Aquí hay dos sufrimientos diferentes. Versículo 17 habla del sufrir con El. Versículo 18 habla del sufrir para El. Estas son condiciones y tribulaciónes; No son dignos para compararse. Pero hay un sufrimiento con El, no sufir solamente, sufrir con El. Pablo usa la palabra "juntamente." Se usa esa palabra para padecer juntos y para glorificar juntos. Dice, "...padecemos juntamente con El..."; padecemos como uno con El. Sus padecimientos llegan a ser nuestros. ¿Qué son Sus padecimientos? Aquí están en Su sepultura donde una humanidad fue quitado y otra surge. El "...se despojó a Sí Mismo, tomando forma de siervo... (Sus padecimientos) ...haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz." Aquí son los sufrimientos de Cristo. Si sufrimos con El; entonces también seamos glorificados juntamente con El. Si venimos por Su muerte y Su sepultura, caminaremos en Su resurrección. Bendito sea el Cordero del Dios vivo. ¿Entienden? Esos son los padecimientos de que hablamos, no calor o frío, sino los padecimientos de la cruz de Cristo. ¿Dónde es que cargamos esos sufrimientos? Los llevamos a dentro. Y por eso, tenemos compañerismo uno con el otro.

Bien en Filipenses 3:10 volvemos a esta declaración, "...a fin de conocerle, y el poder de Su resurrección..." primeramente, conocerlo el ungido de Dios, conocerlo en la resurrección y en la vida, conocer al Cristo de Dios viviente, conocer al Cristo el Hijo, "...a fin de conocerle." Primero, conociéndolo a El. Hasta no conocer el ungido, no podemos conocer la unción. Escuchen. No es primeramente querer ser usado por Dios, sino es primero querer conocerlo a El. Quiero conocerlo primeramente. Quiero conocer el Cristo. Quiero conocer al ungido. Quiero conocer el Hijo. Primeramente, que Lo conozca a El y el poder de Su resurrección. En conocerlo a El, llego a conocer el poder de El obrando en mí. ¿Lo ven? Quiero conocerlo a El y el poder de Su resurrección. Quiero conocer al ungido para conocer la unción. Quiero conocerlo en Su persona. Esta es la unción verdadera de Dios, la obra de Cristo actuando en mí en el poder de Su resurrección para que donde vamos, vamos allí en la unción, no solo un sentir; sino vamos en el conocimiento y una obra de Cristo. Voy en el poder de Su obra en mí, no el poder de mi carne. Tal vez esté debil en ese aspecto, pero no estoy allí en mi debildad, sino en Su poder. ¿Entienden? Eso hace gran diferencia. Pablo dice, "Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado." Está hablando de esto: Su muerte, Su sepultura, y Su resurrección." "Dijo cuando estuve con vosotros, no estuve en grandeza de mí mismo, en mi propio conocimiento, en mi propia fuerza ...para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios." El poder de Su resurrección para que dondequiera que estemos, estemos allí en la unción verdadera porque estamos allí en el conocimiento del ungido. Estamos conociéndolo a El en el poder de Su resurrección. Estamos ministrando entonces en el poder de Su resurrección.

Conocerlo a El en el poder de Su resurrección es conocerlo en Su gloria. No voy a hablar de eso mucho esta mañana. Aquí hay gloria. El nos ha traído a la gloria para que El sea glorificado en nosotros para que nosotros manifestamos Su gloria en toda la tierra. Gloria no es un lugar; la gloria es una relación. Es cierto. La gloria es luz, la luz de Dios. "Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es El que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo." La gloria es el resultado de que Cristo es revelado en usted. El nos ha traído a la gloria para que El sea glorificado y revelado, llenándonos de la luz del conocimiento de El para que nosotros resplandezcamos como la luz en la tierra de la gloria de Dios. Podemos caminar en gloria todos los días. Si caminamos en la luz como El está en la luz; entonces caminamos en la gloria. Dejo eso con ustedes para que el Espíritu de Dios trate más con ustedes sobre ese punto.

Acuérdense ésto: todo lo que hemos dicho en estos días se resume en Cristo. Operará en usted solamente en una manera, Dios revelando en usted a Su Hijo, Dios revelando a Cristo en usted. Y así Lo conoceremos a El en Su muerte, Su sepultura, y también en el poder de Su resurrección; y Lo manifestamos en esa plenitud en la tierra. En la tierra estamos en Cristo como aquellos que están muertos al pecado pero vivos a Dios, como aquellos que no tienen vida más que Cristo. Allí es donde el Espíritu quiere traernos y guardarnos. Y sobre este conocimiento Cristo traerá a Su iglesia a la plenitud de Sí Mismo.

Monterrey, México

febrero, 1998